miércoles, 1 de mayo de 2019

Viajando por el tiempo

Noche viste una falda plisada de cuadros azules, un niqui blanco, zapatos y calcetines y le da vueltas a un hula-hoop en el centro del salón. El Profesor, sentado en el sillón de orejas, la mira.

—    Profesor, ¿te aburro?
—    Claro que no. ¿A qué viene eso?
—    A lo que dijiste el otro día de la dosis.
—    Noche, tú eres perfecta: ¿cómo me vas a aburrir?
—    Venga, en serio: algo habrá que no te guste de mí.

El Profesor encoge los hombros, levanta las cejas, muestra sus manos con las palmas hacia arriba y compone el gesto de no saber. Lolita deja de jugar, se sienta en la mesa baja y dice con un cierto jadeo

—    Profesor, vamos…
—    Vale: no me gusta que seas tan insultantemente joven.
—    ¿Por qué?
—    Porque nos separa.
—    Profesor, nada que no queramos nos separa.
—    Noche, nos separan treinta años, una vida de experiencias, dos cuerpos desfasados.
—    Eso último no lo sabemos: ni siquiera lo hemos intentado.
—    Quizá tú no lo sepas, pero yo he estado a ambos lados del tiempo y lo sé.

Noche se tumba en el sofá dándole la espalda al Profesor y dice

—    ¿Qué puedo hacer?
—    Envejecer.
—    No sé cómo hacerlo.
—    Ya lo haces.
—    Quizá no llegue a tiempo.
—    Quién sabe: vivimos tiempos extraños.


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