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martes, 21 de junio de 2022

La modestia de Einstein

El Profesor escribe en el ordenador. Noche, en el centro del salón, dibuja con pincel y a tinta china un paisaje de árboles deshojados. Dice

—    Esta segura que la conoces: una vez le preguntaron a Einstein si anotaba las ideas que se le ocurrían. Contestó que no se le ocurrían tantas buenas ideas como para tener que apuntarlas.
—    Eso solo lo puede decir alguien a quien nunca le ha fallado la memoria. ¿Nunca has intentado recordar desesperada e infructuosamente esa idea genial que se te ocurrió en el autobús?
—    Sí.
—    ¿Y no te has recriminado a ti misma no haber grabado una simple nota de voz?
—    Pues sí.
—    Pues eso.
—    …
—    Además, odio la falsa modestia.
—    Pero Einstein quizá se refiriese a ideas realmente brillantes, esas que son imposible de olvidar. Quizá las otras las desechase inmediatamente precisamente por ser tan listo. Puede que esas ideas que tú y yo olvidamos no fueran en realidad tan buenas. Puede que solo tuviesen de buenas la sensación de descubrimiento que tuvimos al pensarlas. Quizá solo eso quedó en nuestra memoria, el placer de lo nuevo. Quizá las olvidásemos precisamente por eso, porque no eran gran cosa y…
—    Noche, ¿tú con quién vas?

 

martes, 1 de febrero de 2022

El mundo físico

El Profesor anda metiendo cosas en una caja de cartón. Noche le mira mientras le da mordiscos a una zanahoria que mastica con el lado derecho de la boca. Dice

—    Profesor, ¿qué haces?
—    Voy a bajar los cedés al trastero.
—    ¿Por qué?
—    Porque no los ponemos nunca, porque lo tenemos todo en la red, porque de vez en cuando hay que hacer limpieza y porque las tecnologías me van pasando por encima y me hacen sentir cada día más viejo. No quiero trastos.
—    ¿Recuerdos?

El Profesor termina de llenar una caja, la sella con cinta de embalar, mira a Noche y dice 

—    Peor: proyectos. Uno, sin darse cuenta, compone una biblioteca, una discoteca, llena su casa de objetos que son memoria y también manifiesto: las estanterías recogen un diario de experiencias, de sensaciones, de pensamientos y descubrimientos. Todo está ahí, bien visible. Entonces, de pronto, lo que es un tesoro se convierte en basura. Lo que era mi retrato, mi carta de presentación, precipita en material de vertedero.
—    Pero no pensarás tirar todo eso: los discos, las películas….
—    No, pero solo por una razón: quizá mañana no haya internet.

 

domingo, 27 de octubre de 2019

Memoria

Noche entra de la calle. Trae mala cara. El Profesor le pregunta

—    ¿Qué te pasa?
—    He estado viendo a mi abuela en la residencia.
—    ¿Le ocurre algo?
—    Al principio no me ha reconocido. Luego, como si el hablarle hubiese avivado algún fuego en su cerebro, ha dicho mi nombre y me ha sonreído.
—    Debe ser duro.
—    ¿Sabes lo que me resulta más duro? Ver como se aferra al mundo.
—    Bueno, es un automatismo, un instinto.
—    No, no me refiero a la supervivencia física. Me refiero a cómo se aferra a su propia memoria. Se pasa la vida recitando las capitales de los países del mundo. Lo hace siguiendo las subregiones de la ONU, una a una y país a país.
—    ¿Las subregiones de la ONU…?
—    Nos las enseñó cuando éramos pequeños y a sus órdenes las recitábamos como si fuesen poemas.
—    Y ahora ella las repite…
—    Incesantemente cada minuto del día.
—    Quizá que lo haga quiera decir algo.
—    Sí: que ha perdido la cabeza.
—    Ya…




sábado, 3 de noviembre de 2018

La puerta de Tannhäuser

Noche y el Profesor están sentados en el sofá, con los pies encima de la mesa y las piernas cubiertas por una manta. Sus rostros reflejan la luz ácida y cambiante de la televisión. Suena la música final de Blade Runner. Noche recita

—    “I've seen things you people wouldn't believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched c-beams glitter in the dark near the Tannhäuser Gate. All those moments will be lost in time, like tears in rain. Time to die.”
—    Te lo sabes.
—    Es uno de los momentos más gloriosos de la literatura universal.
—    Sabes que las dos últimas frases son del actor, de Rutger Hauer.
—    Sí, lo cual le convierten en uno de los mayores autores de la literatura universal.
—    Te noto hoy algo hiperbólica.
—    ¿Se puede decir más con menos?
—    No, desde luego, pero tildarlo de literatura...
—    Define.
—    ¿Perdón?
—    Es lo que tú dices cuando quieres romper el saque: “define”. Pues eso te pido yo ahora, que definas literatura para saber si el monólogo de Hauer es literatura o no.
—    Es interesante, pero tan solo es una frase afortunada: la literatura es algo más.
—    Dime una frase que sea algo más que afortunada.
—    “Ser o no ser, esa es la…”.
—    ¿Te das cuenta? Es una simpleza. Ser o no ser, existir o no existir, ya ves qué cosa, el eterno dilema.
—    Pero hay que decirlo.
—    Claro que sí, pero Roy, el replicante, no se limita a soltar una perogrullada. En un puñado de frases define el yo y explica lo que significa existir: liga la vida con la memoria, y de paso nos hace envidiar una vida plena de experiencias extraordinarias. No sé qué cojones son los rayos c, pero debió ser alucinante.
—    Noche, eso nunca ocurrió.
—    Ya lo sé, Profesor, pero, en serio: ¿no tuvo que ser alucinante?