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domingo, 23 de febrero de 2020

Polvo de estrellas

Noche, en el sofá, lee un libro de gran formato con espectaculares fotografías de estrellas y galaxias. De pronto dice

    Profesor, ¿qué es eso de que somos polvo de estrellas?
    En realidad somos polvo de supernovas.

Noche deja el libro, sale del salón, vuelve segundos después con dos copas y una botella de vino y dice

    Dale.
    Las estrellas están formadas principalmente de hidrógeno. Pero las estrellas son como hornos nucleares: la temperatura y la presión son tan altas que se producen reacciones de fusión que unen átomos de hidrógeno entre sí para sintetizar nuevos elementos más pesados, como el helio, el litio y así sucesivamente hasta llegar el hierro. Pero aquí la cosa se para.
    ¿Se para?
    Sí, en las estrellas no se sintetiza nada más pesado que el hierro porque ese átomo es el más estable de todos y en las condiciones que se dan en las estrellas no hay manera de fusionarlo para dar lugar a átomos más pesados.
    Y eso es un problema por…
    Pues porque los humanos necesitamos para vivir elementos más pesados que el hierro, como el cobre, el níquel, el zinc y muchos más.
    Pero, aplicando el principio antrópico, dado que estamos aquí, en algún sitio…
    Algunas estrellas, después de pasar por distintas fases, estallan y durante un periodo corto de tiempo brillan como cien mil soles.
    ¿Cien mil?
    Algo así. La cosa es que, al estallar, la presión que se produce es tan grande que los átomos de hierro ahora sí son capaces de fusionarse con otros para sintetizar los demás elementos de la tabla periódica. Todos esos átomos se desperdigan por el espacio, se mezclan con los restos de otras supernovas, se van juntando poco a poco por efecto de la gravedad, quizá ayudada por alguna explosión cercana, forman una nueva estrella, sus planetas, a los habitantes de uno de ellos y, en concreto, a nosotros dos. 
    Wow. ¿No te hace sentir uno con el cosmos?
    No.
    No, a mí tampoco. Pero, a lo mejor, tú y yo sí podríamos…
    Noche…

domingo, 22 de diciembre de 2019

La solución

El Profesor lee La filosofía griega prearistotélica en el sillón de orejas. Noche lleva una camiseta negra con una equis blanca estampada en el pecho custodiada por dos signos de interrogación en caracteres igualmente blancos. Está leyendo la prensa en una tableta cuando, de pronto, la arroja sobre el sofá y le pregunta al Profesor

    ¿Crees que hay solución?
    No.
    ¿Por qué?
    Es demasiado tarde.
    Los científicos creen que aún hay tiempo.
    Quizá lo hubiera si pudiesen convencer de su solución al mundo, pero no pueden.
    ¿Por qué?
    La gente es demasiado ignorante para entenderles.
    Pero con educación podría conseguirse.
    En cualquier caso sería inútil porque, aunque se consiguiera transmitir la idea, la gente no cambiaría.
    ¿Por qué?
    Porque los que deben renunciar no están dispuestos a hacerlo.

Noche se queda pensativa. De pronto, dice

    No sabes de qué te estoy hablando, ¿verdad?
    No.  


miércoles, 13 de noviembre de 2019

Lucecitas

Noche y el Profesor, pegados a la ventana, miran hacia arriba. Dice Noche

    Qué hermosas están las estrellas hoy.
    Imagina que retrocedemos en el tiempo hasta una época en la que no sabemos nada de las estrellas. ¿Qué ves?
    Pues… lucecitas.
    Anaximandro postuló que las estrellas son orificios en la bóveda celeste a través de los cuales vemos el fuego que rodea el mundo.

Noche frunce el ceño durante unos segundos. Por fin lo relaja y dice

    Se ve hoy vivo el fuego.

domingo, 22 de septiembre de 2019

Virus

Noche y el Profesor, sentados en el sofá y apoyados el uno en el otro, miran la televisión. En la pantalla extradiegética se ven virus de formas poliédricas flotar en espacios líquidos. Dice Noche

    Dicen que no son vida.
    Se reproducen.
    Pero a costa de otros.
    Eso pasa mucho.
    No se alimentan.
    Porque no les hace falta.
    Ni se relacionan con el medio.
    Díselo a alguien infectado de ébola.
    Entonces, ¿son seres vivos?
    Cuestión de definición.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Botánica

Noche y el Profesor están en el sofá mirando la televisión. En la pantalla extradiegética se ve la fotografía de un jardín botánico con parterres organizados al estilo barroco. Noche dice

    Fíjate, este es el jardín de Linneo en Uppsala. Hacia un día genial, con el cielo de un azul como solo se ve por allá arriba. Estuve horas tomando apuntes de las plantas.

Noche abre la siguiente fotografía, en la que se ve una pequeña planta con dos flores gemelas.

    Mira, mira, esta es la flor de Linneo, la Linnaea borealis: es muy sencilla, muy pequeñita, las flores salen por pares y cuelgan como si fuesen las tulipas de dos lámparas gemelas…
    La flor de Linneo…
    Sí. Dice mucho de él que esta fuera su planta preferida, ¿no crees?

En la siguiente fotografía, sobre un fondo de árboles enormes y frondosos, se ve un montículo por completo cubierto de vegetación y de pequeños carteles.

    ¿Qué es esto?
    Ahora estamos en Copenhague: es el jardín botánico. No te imaginas la cantidad de especies que tienen allí. En esta colina había cientos de pequeñas plantas, de hierbas, de flores minúsculas, todas etiquetadas.

Ambos guardan silencio y se quedan mirando por un rato la imagen. Por fin el Profesor dice

    Me da muy buen rollo ver cada planta con su correspondiente etiqueta.

Noche abre mucho los ojos para mirar al Profesor con gesto entre incrédulo y divertido y le dice

    Tienes alma de bibliotecario...
    Inteligencia naturalista le llaman.
    … o de taxidermista.
    Querrás decir taxonomista.
    No.

jueves, 4 de julio de 2019

La paradoja de la inteligencia II: Pensamiento hormiga

Noche se pasea por el salón acunando entre sus brazos, como si fuese un bebé, la cabeza frenológica. Entonces dice

    Volvamos al asunto.
    ¿Qué asunto?
    Gente inteligente que piensa mal.
    Ajá.
    Si los inputs del sistema provienen del exterior y de un modo más bien azaroso… ¿voy bien?
    Perfectamente.
    … lo sorprendente entonces es que alguien piense bien, ¿no?
    Pensamiento hormiga.
    ¿De verdad me estás llamando hormiga? 
    No, claro que no: el pensamiento hormiga, frente al pensamiento lógico-deductivo, consiste en explorar todos los caminos hasta dar con el bueno. Las hormigas no encuentran el alimento gracias a un sesudo estudio de su medio ambiente: simplemente se distribuyen por el mundo hasta que una de ellas localiza algo interesante. Entonces esta vuelve a la colonia y su propio rastro doblemente marcado les da la pista a las demás para acceder al tesoro.
    Joder, entonces no es que pensemos bien.
    No, es que lo pensamos todo. Fíjate en la ciencia: debe de haber científicos explorando los caminos más absurdos, en realidad todos los que pueden imaginarse a partir del conocimiento que actualmente tenemos del mundo. Pero basta que uno encuentre algo bueno para que los demás sepan que ahí hay un filón. Desgraciadamente, la historia de la ciencia solo se fija en los que tienen éxito, pero no nos cuenta los innumerables fracasos de quienes tuvieron éxito una vez y menos de quienes no lo tuvieron jamás. Son millones frente a uno, pero nosotros solo nos enteramos del uno, lo cual nos da una visión muy pobre de la realidad. 
    Profesor, me estás diciendo que la mayoría, casi siempre, piensa mal.
    No: lo que estoy diciendo es que, respecto de lo nuevo, casi todos pensamos mal. Pero pensar sobre lo ya pensado tiene la ventaja de la experiencia. Ahí, para evitar el error, nos basta repetir el argumento
    Pues hay gente que, aun así, piensa mal.
    Lo cual me temo que nos devuelve a la casilla de salida.
    Sí.
    Voy a abrir otra botella, que esto va para largo.
    Yo quiero blanco, fresquito, por favor.
    Sea.