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martes, 17 de enero de 2023

La última cena I

En el centro del salón está el velador con dos velitas, el sashimi, la cubitera con una botella de vino blanco, los cuenquitos con la salsa… Noche y el Profesor están sentados uno enfrente del otro. El Profesor juega con los palillos, pero no come. Dice

    Nunca lo hubiese pensado. ¿Yo soy tu sueño?
    Sí.
    No lo entiendo. ¿Tu sueño es un tipo mayor y amargado?
    Jóvenes optimistas y fornidos tengo los que quiera. Necesitaba otra cosa.
    ¿Y lo del sexo?
    Supongo que un poco de complejo de Electra siempre queda.
    ¡Dios! ¿He hecho de padre? 
    Nunca... salvo, quizá, en la cosa del sexo…
    Pues ahora podríamos…
    Ahora es tarde, Profesor.
    Ya.


martes, 3 de enero de 2023

Despedida II

El Profesor, de pie, mira a Noche hecha un ovillo en el sofá. Por la luz parece que está amaneciendo. Luego se va hasta la mesa de dibujo, coge un folio y escribe. En la pantalla extradiegética va apareciendo, trazo a trazo, lo siguiente:

“Estoy viéndote dormir, con ese dormir tuyo tan sereno, tan sin deudas. Me gustaría despertarte y abrazarte y contarte una nueva historia de griegos, de matemáticas, de palabras, o pedirte que me hablases de tu último descubrimiento, de tu último proyecto. 

“Me gustaría prepararte el desayuno y quizá invitar a B. para que nos hablase de sus viajes transfinitos. O puede que te propusiese desempolvar del trastero el amplificador de sueños y darle una nueva oportunidad. Pero no puedo.

“En realidad, no debo. Si estuvieses despierta aquí conmigo te reirías de mis deberes. A mí también me gustaría reírme de ellos, pero es tarea imposible. Tengo la sensación de que el último fracaso anunciado me ha quebrado definitivamente.

“Te he querido mucho niña”.

El Profesor dobla el folio en dos y luego otra vez en dos, lo mete en un sobre y sobre él escribe “Noche”. Lo deja encima de la mesa baja y se va.


lunes, 17 de octubre de 2022

Imágenes

Noche se pasea en bragas y camiseta por el salón. El Profesor, que intenta leer en el sillón de orejas, dice

  ¿No tienes frío?

Noche, que parece no haber escuchado, dice

— Profesor, se me han ocurrido algunas imágenes, a ver qué te parecen.
  Dale.
  “Las olas son los caballos de Poseidón” —declama Noche.
  Mito griego —señala el Profesor.
  “Estamos hechos de la materia que los sueños”.
  Shakespeare.
  “El hombre es una caña pensante”.
  Pascal.
  “El océano es como un hematoma en el cuerpo de la tierra”.
  Eh… sí, espera…espera…lo tengo… ¡Lautremont!
  ¡Oye, ya vale! —exclama Noche— ¿Qué culpa tengo yo de haber nacido tan tarde?


viernes, 29 de julio de 2022

Negacionistas

El Profesor lee El vellocino de oro, de Graves. Noche ve un incendio tras otro en la televisión. Va y dice

    De verdad que no entiendo a los negacionistas. ¿Cómo se puede ser tan irracional?
    Porque la razón atenta contra la libertad.
    ¿Qué tontería es esa?
    Te voy a contar una historia. Estamos en la Grecia mítica. Esculapio ha montado una escuela de medicina. Pronto los sacerdotes de Hades, dios del inframundo, se quejan de que esa escuela, al enseñar cómo curar enfermedades, disminuye el número de muertos y por tanto su clientela. Esculapio se defiende diciendo que, al salvar niños, estos tendrán a su vez hijos y que, como tarde o temprano todos acabaran muertos, con ello su escuela no hace más que aumentar los futuros súbditos del dios infernal.
    Bien argumentado. Bien por Esculapio.
    Quizá demasiado bien. Y es que el argumento es tan bueno que le molesta al mismísimo Zeus, porque, (atención, aquí viene lo bueno), al ser incontrovertible, solo se puede responder con violencia.
    Wow!
    Sí.
    ¿Entonces?
    No hay solución. Siempre habrá gente que, si se siente acorralada por las palabras, si ve que los argumentos contradicen su forma de ver el mundo, se defenderá a golpes.
    Casi es mejor no tener razón.
    A veces es más saludable, sí.

martes, 28 de junio de 2022

Los ojos de Atenea

Noche mira el dibujo que ha hecho de la diosa Atenea. Abre la caja de acuarelas y empieza a dar color. Se para y pregunta

    Profesor, ¿de qué color tenía Atenea los ojos?

El Profesor, que lee en el sillón de orejas, se quita las gafas de leer, mira a Noche y le dice 

    Glaucos.
    Verde claro, vale, gracias.
    En realidad no lo sabemos.
    ¿Cómo que no lo sabemos?
      Glaucos, en griego, significa ‘resplandeciente’, ‘luminoso’, ‘brillante’, ‘rutilante’. Se lo aplicaban a los ojos de Atenea, pero también al mar, al plumaje gris de algunos pájaros, a las hojas de olivo y de la vid, a las estrellas titilantes, a la Luna…
      Entonces glauco no es un color.
      A veces sí lo usaban como un color.
      Pero, ¿cuál?
      Azul claro, verde brillante, gris azulado…
      Qué absurdo utilizar una palabra tan imprecisa para referirse a los ojos de alguien.
      No era alguien, era Atenea.
      ¿Y?
      Pues que todos sabían de qué color eran los ojos de Atenea.   
     
     
      Se los voy a poner verde grisáceo.
      Me parece bien.


viernes, 18 de septiembre de 2020

Gesto dramático

B parece escuchar con atención, aunque no sabemos qué. Noche, con gesto crispado, lee las noticias en una tableta. De pronto, dice

    ¿No has soñado nunca con hacer un gesto dramático, uno que acojone al mundo?
    Una vez sinteticé en una palabra la complejidad del cosmos.
    Sí, eso está muy bien, pero me refiero a algo más físico, más agresivo, tipo puñetazo en la mesa.
    Entiendo. Otra vez leí de alguien que quería “ver destruido el orden de este mundo” y pensé que yo también.
    Sí, pero no. Quiero decir un gesto que sea realmente destructivo, irreversible.
    Soy hombre de palabras. Las navajas son para mí de la misma sustancia que unicornios y sueños.
    Las palabras pueden doler como cuchilladas.
    Pero tienen que ir cargadas de odio.
    ¿Nunca has odiado lo suficiente?
    Digamos que nunca he odiado nada que me interesase lo suficiente como para gastar tiempo en la lucha.

Noche cierra la tableta y la deja sobre el sofá. Algo no le cuadra. Durante unos segundos emite un ronquido sordo y continuado. Por fin dice

    Y el veneno que se queda dentro, ¿qué haces con él?
    Mastico hojas de sardonia.

lunes, 7 de septiembre de 2020

La indigencia del idioma

B sonríe y, al hacerlo, parece imitar al gato de Chesire. Noche lleva una camiseta con un Diógenes, farol en mano, estampado en el pecho. Da vueltas por el cuarto. De pronto dice  

    ¿Qué puede estar haciendo?
    Buscar metáforas.
    ¿Dónde?
    Fuera.
    ¿Por qué fuera?
    Porque las metáforas son saltos de la imaginación, conexiones sorprendentes, resonancias inesperadas, y todo eso hay que buscarlo fuera, más allá, por ahí.
    No me puedo creer que el Profesor no tenga palabras suficientes para expresarse.
    La metáfora es consecuencia de la indigencia del idioma.
    ¿Tú hablas de indigencia del idioma?
    ¿Nunca te han faltado las palabras?
    Sí, pero a mí aún me faltan muchas por aprender.
    La broma es que todas no son suficientes.

viernes, 6 de marzo de 2020

Arjé

B levantada su mano derecha con la palma hacia arriba. Sobre ella reposa el objeto de la caja de tesoros de Noche que desde hace poco se llama Realidad. Noche, sentada a horcajadas en una silla que a saber de dónde la habrá sacado y con los brazos apoyados en el respaldo, le observa. De pronto, va B y dice

    Tales diría que está hecho de agua, pero no es el caso.
    No parece.
    Anaxímenes nos propondría el aire, pero…
    No, aire no es.
    Heráclito vería fuego en su constitución.
    Pero arder no arde.
    Jenófanes, además de lo húmedo, mencionaría la sequedad de la tierra.
    Pero es que tierra tampoco parece.
    Y Empédocles explicaría que el objeto está constituido por una mezcla de tierra, de agua, de aire y de fuego.
    B, eso más difícil de rebatir, pero lo de los cuatro elementos no me acaba de convencer… ¿Profesor, tú que piensas?

El Profesor, que parece volver de ninguna parte, mira al objeto que sigue en la mano de B y, tras pensarlo un poco,  dice

    Pienso que puede ser un símbolo de resistencia, un cruce de caminos, un burujo de líneas de fuerza, un poco de espacio concentrado, un refugio, la encarnación de un olvido, la evidencia de un fracaso denominador, el triunfo de la inutilidad, quizá una puerta, o un pensamiento fósil, o un concepto nonato, o el excremento de un animal fantástico, puede que un trocito de materia sin forma, un sueño apenas incoado, el único resto de un naufragio, una piedra falsa, un momento de enajenación, un milagro termodinámico, un cebo, un arquetipo abandonado, un signo sin referente, un préstamo del vacío, un momento de calma, un deseo inconfesado, quizá tan solo una improbabilidad, quizá tan solo un poco de nada.

El Profesor encoje los hombros en señal de haber terminado. B sonríe, cierra su mano sobre el objeto y se lo ofrece a Noche, que lo coge y lo guarda con mucho cuidado en su caja de tesoros.

lunes, 9 de diciembre de 2019

Fantástico

El Profesor mira a B quien, sentado en el sillón de orejas, parece contemplar el cosmos. Al rato se acerca a Noche, que dibuja en la mesa de dibujo, y le pregunta

    ¿Quién es?
    Un amigo de mis padres.
    ¿Y qué hace aquí?
    Quiere conocerte.
    ¿Por qué?
    Porque es cómo Diógenes: busca un hombre.
    ¿Y por qué yo?
    Porque le he hablado de ti y se ha interesado.
    ¿Y por qué no tú?
    ¿Porque no soy un hombre?
    Diógenes buscaba un ser humano, no un macho.
    Supongo que a mí B me tiene muy vista.
    Pero, ¿desde cuándo le conoces?
    Desde niña: ya te he dicho que era amigo de mis padres. Me leía sus relatos.
    Pero, ¿es escritor?
    Pues claro, Profesor, es B.
    Entiendo

El Profesor se calla al ver que B eleva sus ojos ciegos como si mirase al techo. Entonces B dice

    Solo me interesa lo fantástico

El Profesor parece desconcertado. Sin embargo, contesta con rapidez

    Temo decepcionarle.
    Solo lo harás si no eres fantástico.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Lucecitas

Noche y el Profesor, pegados a la ventana, miran hacia arriba. Dice Noche

    Qué hermosas están las estrellas hoy.
    Imagina que retrocedemos en el tiempo hasta una época en la que no sabemos nada de las estrellas. ¿Qué ves?
    Pues… lucecitas.
    Anaximandro postuló que las estrellas son orificios en la bóveda celeste a través de los cuales vemos el fuego que rodea el mundo.

Noche frunce el ceño durante unos segundos. Por fin lo relaja y dice

    Se ve hoy vivo el fuego.

domingo, 21 de julio de 2019

El mar de arriba

Noche está viendo en un gran libro fotografías del mar: tormentoso, luminoso, encrespado, en calma, solitario, en amaneceres y crepúsculos, plagado de peces voladores, de sampanes y columnas rocosas, de barcos mercantes…

    De cría pensaba que, igual que hay un mar abajo, hay un mar arriba. Así me explicaba yo que tengan el mismo color el mar y el cielo. Y que llueva, porque me imaginaba yo que el cielo a veces se rompe, quizá por culpa de las nubes, y deja escapar el agua de lluvia por los desgarrones del velo que lo mantiene embalsado allí en lo alto.
    Qué bonito.
    Un día, hace tiempo, leí que algunos griegos antiguos habían pensado lo mismo.
    Quizá no haya nada que no hayan pensado antes los griegos.
    Al principio me hizo ilusión…
    Pero…
    … luego me sentí defraudada. Cuando aprendí en el colegio que arriba no había ningún mar, que el color del agua del mar es reflejo del color del cielo y que la lluvia proviene de las nubes lo entendí y lo acepté sin problemas: el mar de arriba se convirtió en mi mar, en mi leyenda privada. Por eso no me gustó saber lo de esos malditos griegos.
    Te hubiesen gustado.
    ¿Quiénes?
    Los griegos.
   
    Piénsalo: tenéis mucho en común. De hecho, todo un mar.

Noche se queda pensativa hasta que, de pronto, su cara se ilumina. Entonces se acerca hasta el Profesor, le abraza por detrás y le dice bajito, al oído

    ¿Sabes qué?: tienes razón. Gracias.

domingo, 14 de julio de 2019

Sueños de futuro

El Profesor nos mira por la ventana. Noche lee en el sofá La conquista de la felicidad, de Russell. Deja el libro sobre la mesa y dice

    Profesor, no eres feliz.
    No, ni falta que me hace.
    ¿Por qué?
    Pues porque la felicidad es incompatible con ciertos estados mentales a los que no quiero renunciar y…
    No, quiero decir que por qué no eres feliz
    ¿Por qué no tengo motivos para serlo?
    A veces pareces tan… simple.
    Lo soy.
    OK. Una vez de acuerdo en el diagnóstico, dime, ¿por qué no eres feliz?
    Porque este puñetero mundo de mierda no se parece en nada al que imaginé de crío.
    ¿Y qué extraordinario mundo es ese que imaginaste de crío? ¿Las nubes eran de algodón de azúcar y los ríos de leche condensada?
    No: imaginaba una pradera bañada por un sol cálido y amable. Imaginaba robots que van y vienen, trabajando. Imaginaba gente que se pasea por una inmensa plaza y que se para con unos y con otros para hablar. Imaginaba un mundo de conversaciones sin fin. Me imaginaba vestido con una sábana charlando con otros humanos vestidos con sábanas blancas de la física del átomo; de si Brecht o Stanislavski, de si Breccia o Moebius, de por qué el romanticismo aburre y el barroco no; o de si hay un universo o infinitos. Imaginaba un mundo de conversadores.
    Profesor, tu soñabas con la Atenas de Pericles.
    Sí, pero sin esclavos y con un curso de física superior.
    Qué cachondo.


viernes, 22 de febrero de 2019

Griegos II

Noche, sin que sepamos cómo, ha cambiado el peplo por una armadura de hoplita, con coraza y casco. Sujeta marcialmente una lanza que la sobrepasa largamente. Dice  

    Pues mi personaje preferido es Ayax.
    ¿?
    Cuando le convocaron para la guerra de Troya, armado y preparado, a punto de salir, su padre le encomendó a los dioses. ¿Sabes lo que le contestó Ayax? Pues que si recibiera la ayuda de los dioses no podría enorgullecerse de sus hazañas, por lo que prefería renunciar al apoyo divino y depender solo de sí mismo. La cosa es que fue el que más destacó en la batalla después de su primo Aquiles, y eso que fue el único griego que no contaba con la protección de un dios. 
    Ya, pero, si no recuerdo mal, acabó loco, ¿no?
    Sí, es verdad: Atenea le hizo confundir un montón de ovejas con enemigos. Cuando las mató a todas a espadazos, recuperó la cordura, pero sintió tanta vergüenza que se suicidó.
    Total, que Atenea, la de los ojos glaucos, acabó con el orgulloso Ayax. 
    Eso cuenta el mito, pero resulta que los dioses no existen, Profesor.

jueves, 21 de febrero de 2019

Griegos I

Noche, desnuda, sujeta con sus manos y por detrás de su espalda un gran rectángulo de lino. Lleva el extremo izquierdo por delante de su cuerpo hasta el extremo derecho y los une con una fíbula. Luego coge el punto medio del borde izquierdo y lo une con su espalda con otra fíbula. Se ciñe la cintura con un cordón, hace un par de poses para la cuarta pared, de frente, de perfil, y dice

    Profesor, ¿personaje griego preferido?
    Varoufakis.
    Graciosillo… Quiero decir de la mitología.
    Acteón.
    ¿?
    Era cazador. Un día que iba por el bosque con sus sabuesos se encontró con Artemisa, que se bañaba en pelota acompañada de un sequito de ninfas. Fascinado, se la quedó mirando. Entonces la diosa, para castigar su osadía, convirtió a Acteón en ciervo para que sus propios sabuesos le diesen caza y le devorasen.
    Joder, cómo se las gastaba Artemisa, ¿no?
    Era muy celosa de su intimidad.
    Ya, ya… ¿Y por qué te interesa?
    Me recuerda lo peligroso que es mirar con demasiada intensidad.
    A mí me puedes mirar todo lo que quieras.
    A veces duele demasiado.
                                                       

domingo, 11 de noviembre de 2018

Apolo y Dionisos

Noche y el Profesor están sentados en el sofá y sujetan cada uno una copa de vino. Sobre la mesa se ve la botella. Se escucha música para dos violas de gamba de Marin Marais. Noche da un sorbo, pone cara de pensar y pregunta

    ¿Apolo o Dionisos?
    Dionisos por vocación, pero Apolo por constitución.
    ¿?
    La idea de la embriaguez dionisiaca me resulta atractiva como idea filosófica, pero lo cierto es que me aburren las fiestas.
    No quiero ni imaginarte de niño.
    Repelente.
    Ya, pobre mío… Yo, sin embargo, la verdad, nunca he entendido la contradicción. No creo que haya nada más racional y que contribuya más a nuestro equilibrio que explorar el lado más orgiástico y arrebatado de la existencia. Son dos caras de la misma moneda. No habría misterio en la oscuridad sin la luz de la mañana. Ni podríamos hablar de la elegancia del arte si no supiésemos de los cuerpos sudorosos.
    Qué bonito eso… Sí, tienes razón, todos tenemos nuestra parte apolínea y nuestra parte dionisiaca, pero también es verdad que en la mayoría una parte puede a la otra y la acaba asfixiando.
    No sé. No creo que el problema sea que lo apolíneo aplaste lo dionisiaco o al revés: el problema es que nos reprimimos y no dejamos que nada se muestre en plenitud.
    Tenemos miedo.
    ¿Miedo, Profesor?
    A la resaca.
    Hace un par de años pasaba el verano en un pueblo. Recuerdo que en una fiesta la música y el vino me emborracharon como nunca. La noche era cálida pero una brisa fragante soplaba sobre el mador de la piel. Me fui de la fiesta, me metí en un bosque y acabé bailando desnuda en un calvero a la luz de la luna. Daba vueltas como loca y reía como loca. Sin embargo, nunca me he sentido más armoniosa y más elegante que aquella noche.
    La próxima vez avísame.
    ¿La próxima vez?
    Sí, la próxima vez que hagas eso del calvero.
    ¿Quieres un anticipo? 
    Deja, deja, no vaya a ser que te enfríes.