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jueves, 3 de noviembre de 2022

Alma

Noche está hojeando un grueso volumen encuadernado en pasta española. 

    Profesor, te leo y me dices a qué te suena: “Alma: principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida”.
    Es la teoría aristotélica de las tres almas: vegetativa, sensitiva y racional.
    Exacto. Pues es del diccionario de la RAE.
    Bueno, al menos nos permite tener alma a todos, porque ese “principio” puede ser cualquier cosa.
    ¿No te sorprende que un diccionario manifieste una opción filosófica al definir un concepto?
    A mí ya no me sorprende nada.
    Pues a mí sí.
    Joven eres.


lunes, 17 de octubre de 2022

Imágenes

Noche se pasea en bragas y camiseta por el salón. El Profesor, que intenta leer en el sillón de orejas, dice

  ¿No tienes frío?

Noche, que parece no haber escuchado, dice

— Profesor, se me han ocurrido algunas imágenes, a ver qué te parecen.
  Dale.
  “Las olas son los caballos de Poseidón” —declama Noche.
  Mito griego —señala el Profesor.
  “Estamos hechos de la materia que los sueños”.
  Shakespeare.
  “El hombre es una caña pensante”.
  Pascal.
  “El océano es como un hematoma en el cuerpo de la tierra”.
  Eh… sí, espera…espera…lo tengo… ¡Lautremont!
  ¡Oye, ya vale! —exclama Noche— ¿Qué culpa tengo yo de haber nacido tan tarde?


martes, 11 de octubre de 2022

Premios y castigos

Noche lleva una camiseta con el cuadro La piedra de la locura estampado en el pecho.

Dice

    Mucha gente cree que la vida es un juego de premios y castigos.
    Cierto.
    A veces pienso que no les da la cabeza para entender que el universo no es justo.
    Es posible.
    Otras, que lo de los premios y los castigos les viene bien porque les organiza la vida.
    Bien visto.
    Pero, ¿y si fuera que están enfermos? ¿Y si su absurda interpretación de la realidad fuese consecuencia de una enfermedad mental?
    Wow! Deberías de leer a Foucault y…
    Lo he leído, pero no viene al caso. Si estuvieran enfermos, la sanidad pública tendría que curarlos, ¿no?

El Profesor se levanta, desaparece y vuelve con dos copas y una botella de vino. Se sienta al lado de Noche y dice

    Noche, define enfermedad.
    Qué mayor estás.


viernes, 12 de agosto de 2022

Imperativos

Noche está de pie, mochila al hombro. Dice

    Profesor, me voy. Tengo que cuidar a mi padre. Está bastante enfermo.
    Lo siento, no sabía…
    No lo sientas. No le tengo ningún afecto.
    ¿Entonces?
    Imperativo categórico, supongo.
    Los imperativos categóricos son imperativos hipotéticos camuflados.
    Eso quiere decir…
    Quiere decir que el que no seamos conscientes del objetivo que queremos alcanzar con nuestros actos  no quiere decir que ese objetivo no exista.
    ¿Cuál podría ser en mi caso?
    Ser coherente con la imagen que tienes de ti misma, dar cierta imagen a los demás, demostrarle algo a tu padre, demostrarle algo a tu familia, romper la rutina...
   
   
    ¿No podría ser que esté programada para responder así?
    La educación. Conductismo.
    Sí.
    En tal caso podríamos decir que tu objetivo es no sentirte mal.
    Es eso.
    
    Vaya mierda.


lunes, 21 de septiembre de 2020

In-finito

Noche curiosea en su caja de tesoros. De pronto dice

    B…, ¿si pienso en el infinito quiere decir que está en mi mente?
    No. Tan solo le has añadido un prefijo a la palabra finito.
    Pero ese prefijo niega lo finito, luego se refiere a lo no finito.
    Tan solo es un truco. Piensa que finito se refiriese al contenido de tu caja de tesoros.
    De acuerdo.
    ¿Puedes enumerar su contenido?
    Sí.
    Luego tu mente lo abarca.
    Sí.
    Ahora niega tu caja de tesoros: infinito querrá decir entonces todo lo que no está en la caja.
    Cierto.
    Pues enuméralo.
    ¿El qué?, ¿todo lo que no está en mi caja?
    Sí, eso a lo que hemos llamado infinito.
    B, es imposible.
    Ahí tienes la diferencia.
    Wow.

sábado, 12 de septiembre de 2020

El autor

Noche, en la mesa de dibujo, trastea con Google Maps. Desde el sillón de orejas, B, que acaba de recitarse a sí mismo los tres mil ciento ochenta y dos versos del Beowulf, le pregunta

    Sigues buscándole.
    Mientras le busco siento como si estuviera.
    Yo especulo inversamente: no debe estar muy lejos si nosotros seguimos siendo.
    ¿Acaso somos imaginaciones suyas?
    Es una posibilidad.
    ¿Y si fuésemos soñados los tres?
    ¿Por quién?
    No sé… ¿por un autor?
    Has leído a Berkeley.

Noche se ríe relajadamente, como si se liberase de una tensión interna y dice

    Pues claro que he leído a Berkeley. ¿Y tú?
    Descarada.

domingo, 8 de marzo de 2020

La nada estructurada

 No se ve a Noche, pero sí se la oye decir

    Profesor, ¿qué escribes?
    Estoy empezando a tomar notas para un proyecto nuevo.
    Wow! ¿Tiene título?
    La nada estructurada.
    Wow! ¿Te creerás creer que he sentido las cursivas?

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Lucecitas

Noche y el Profesor, pegados a la ventana, miran hacia arriba. Dice Noche

    Qué hermosas están las estrellas hoy.
    Imagina que retrocedemos en el tiempo hasta una época en la que no sabemos nada de las estrellas. ¿Qué ves?
    Pues… lucecitas.
    Anaximandro postuló que las estrellas son orificios en la bóveda celeste a través de los cuales vemos el fuego que rodea el mundo.

Noche frunce el ceño durante unos segundos. Por fin lo relaja y dice

    Se ve hoy vivo el fuego.

domingo, 14 de julio de 2019

Sueños de futuro

El Profesor nos mira por la ventana. Noche lee en el sofá La conquista de la felicidad, de Russell. Deja el libro sobre la mesa y dice

    Profesor, no eres feliz.
    No, ni falta que me hace.
    ¿Por qué?
    Pues porque la felicidad es incompatible con ciertos estados mentales a los que no quiero renunciar y…
    No, quiero decir que por qué no eres feliz
    ¿Por qué no tengo motivos para serlo?
    A veces pareces tan… simple.
    Lo soy.
    OK. Una vez de acuerdo en el diagnóstico, dime, ¿por qué no eres feliz?
    Porque este puñetero mundo de mierda no se parece en nada al que imaginé de crío.
    ¿Y qué extraordinario mundo es ese que imaginaste de crío? ¿Las nubes eran de algodón de azúcar y los ríos de leche condensada?
    No: imaginaba una pradera bañada por un sol cálido y amable. Imaginaba robots que van y vienen, trabajando. Imaginaba gente que se pasea por una inmensa plaza y que se para con unos y con otros para hablar. Imaginaba un mundo de conversaciones sin fin. Me imaginaba vestido con una sábana charlando con otros humanos vestidos con sábanas blancas de la física del átomo; de si Brecht o Stanislavski, de si Breccia o Moebius, de por qué el romanticismo aburre y el barroco no; o de si hay un universo o infinitos. Imaginaba un mundo de conversadores.
    Profesor, tu soñabas con la Atenas de Pericles.
    Sí, pero sin esclavos y con un curso de física superior.
    Qué cachondo.


domingo, 7 de julio de 2019

La paradoja de la inteligencia III: La esclava de las pasiones

Noche está subida en la escalera de la librería. Viste una camiseta con un dibujo de Nessie estampado en el pecho. Sujeta un grueso volumen y busca entre sus páginas. El Profesor la mira con atención. Por fin, Noche lee

    Escucha: “La razón es, y sólo debe ser, esclava de las pasiones, y no puede pretender otro oficio que el de servirlas y obedecerlas”.
    Ah, el viejo escocés.
    ¿Te das cuenta? Hume, un razonador extraordinario, sabía sin embargo que todo lo que hacemos con la razón es satisfacer nuestras pasiones.
    Porque sabía que a la voluntad no le bastan la razones. Necesita algo más, el deseo, el apetito…
    Exacto: por eso hay gente inteligente que piensa mal, porque la razón no es autónoma: son nuestras pasiones las que nos confunden.
    De alguna forma ya te lo…
    Sin embargo, Hume se equivoca.
    ¡Como osas! –dice el Profesor con gesto impostado y ampuloso.
    Por ti: tú refutas a Hume.
    Jamás.
    Vámonos a la cama.
    Sabes que no…
    ¿Por qué?
    Por muchas razones que…
    Repite eso.
    Por muchas razones…
    Para ser esclava tu razón parece mandar en ti de la hostia.

Se quedan en silencio. Noche baja de la escalera y se acerca al sillón de orejas, donde el Profesor se ha quedado cabizbajo, mirando al suelo, con gesto triste.

    Profesor, no te enfades…
    Noche, no me enfado contigo, me enfado con ese imbécil de Hume. 
   
    Y con esta razón mía tan poderosa.

domingo, 16 de junio de 2019

Sudor

Noche viste un top y unos leggins deportivos y se dedica, en medio del salón, a hacer lo que parecen estiramientos. El Profesor, en el sillón de orejas, la mira. 

    Profesor, me estás poniendo nerviosa.
    Perdóname, no pensaba que te molestara que…
    No, si no me molesta que me mires: lo que me molesta es que estés ahí sin hacer nada.  ¿Por qué no te cambias y estiras conmigo?
    No.
    ¿Por qué?
    Para los que no creemos en el tiempo los sacrificios no tienen sentido. Por ejemplo, hacer ejercicio: cuando crees en el tiempo y en la continuidad del yo, ese absurdo que consiste en cansarte adrede cobra sentido por los presuntos beneficios futuros. Pero, si no creo en el futuro, si no creo que este que soy vaya más allá del instante presente, ¿por qué sudar?
    Nunca jamás había escuchado una excusa tan absurda.
    No es una excusa, es honestidad intelectual: vivo como pienso.
    Pues serás el único.
    Kant tampoco sudaba.
    ¿Nunca?
    Nunca.
    Otro soso.

viernes, 11 de enero de 2019

El centro

El Profesor lee en el sillón de orejas Así habló Zaratustra. Noche, vestida de negro con leggins y camiseta, hace ejercicios en los que siempre mantiene una perfecta simetría respecto del plano vertical. Recuerda de alguna manera las danzas de Kali.

Dice   

    ¿Dónde está el centro?
    Si hablamos del centro de algo infinito, en todas partes. Ya lo dijo Pascal: el universo es una esfera con el centro en todas partes y la circunferencia en ninguna.
    Yo estaba pensando en algo finito.
    Depende de la dimensión que consideres. Para cada dimensión, el centro es el punto que equidista de los extremos.
    ¿Cómo es posible entonces que todo el mundo se diga de centro?
    El truco está en fijar los extremos: basta empujar el extremo más próximo un poco más allá para acabar estando uno mismo en el centro.
    Y, de paso, desplazas el otro extremo aún más lejos.
    Exacto.
    Qué jodíos. 




martes, 4 de diciembre de 2018

Las cosas de Newton

El Profesor viste una hopalanda granate y nos mira por la ventana. Noche, con un mono blanco con manchas de pintura de mil colores, sostiene un  carboncillo en medio del salón, donde ha puesto el caballete. Dice

    Profesor, tengo que hacer un retrato alegórico de Newton. Pero no sé qué usar cómo motivo: ¿la gravitación universal o el cálculo infinitesimal?
    ¿Las dos cosas?
    No quiero hacer pastiches. Estoy intentado desarrollar todos los encargos que me hacen a partir de una idea-fuerza que resulte muy potente. Venga, ayúdame: ¿qué hace que Newton sea Newton?, ¿qué hace de Newton un icono universal?
    Es curioso tener que elegir… Newton es Newton porque lo hizo todo: además de la ley de la gravitación universal y el cálculo, están su teoría de la luz, la generalización de la potencia del binomio, el truco de poner marcas en los cantos de las monedas, tantas cosas...
    Una, necesito una.
    La verdad es que si tuviese que elegir, quizá no me quedase con nada de eso.
    ¿Entonces?
    Bueno, tiene un par de cosas que trascienden la matemática y la física.
    Me tienes en ascuas.
    Inventó la gatera y expulsó a Dios del cielo.
    Ja, ja, ja. Eres genial: si me hubieses dado clases me hubiese hecho de ciencias.
    Sabes que nunca he dado clases.
    Ni te hubiesen dejado, guapo: estás loco. Venga, explícame eso de la gatera y Dios.
    Mientras Newton estaba realizando sus investigaciones sobre óptica, su gata tenía la costumbre de fastidiarle los experimentos empujando la puerta para ver qué pasaba. Entonces Newton practicó un orificio en la puerta y le puso un trozo de fieltro que lo tapaba pero que el gato podía empujar para entrar y salir a voluntad.
    Qué tierno, Sir Isaac.
    No creo que nadie pensase eso de él. Bueno, puede que su gata.
    ¿Y la expulsión de Dios?
    El cielo era el hogar de Dios. No en sentido metafórico, sino en sentido real: Dios vivía en el cielo. Entonces Newton va y dice que las mismas leyes que rigen la caída de una manzana aquí abajo rigen el movimiento de la luna allá arriba: exactamente las mismas. Y no solo eso, sino que afirma que es necesario que el cielo donde se mueven los astros sea infinito para que el sistema no colapse bajo el influjo de la gravedad. Así expulsó Newton a Dios del cielo, explicándonos que no era un lugar misterioso habitado por los coros angélicos sino un lugar tan prosaico como la superficie de la tierra y dominado por el mismo sistema de ecuaciones. Y, para colmo, infinito, lo cual dejaba a Dios sin sitio para vivir.
    Eso sí que es un desahucio. ¿Y dónde mandaron a Dios?
    Fuera del universo.
    Vaya truco.
    Sí.
    ¿Sabes? Voy a dibujar un prisma dispersando la luz.
    Vale.

jueves, 29 de noviembre de 2018

DeLorean

El Profesor lee en el sillón de orejas Búsqueda sin término, de Popper. Noche observa como cae la arena de un gran reloj de arena que hay sobre la mesa. Dice

    Hoy, tras las clases, les he hablado a mis compañeros de cuando me monté en un DeLorean.
    ¿Sí? Les habrás contado que hasta tenía condensador de flujo. Seguro que han flipado.
    La mayoría no sabían de qué les estaba hablando. Los que sí, me han mirado como preguntando ¿y?
    Lo de este país con lo fantástico es triste.
    Lo sé, Profesor, lo hemos hablado muchas veces, pero, mientras venía para acá, he pensado que hay algo más profundo.
    Ilumíname.
    El rechazo a lo fantástico forma parte de algo más general, forma parte de un rechazo sistemático al romanticismo.
    Te sigo.
    Este país es profundamente prosaico. Es evidente que subirse a un DeLorean no es distinto de subirse a cualquier otro coche salvo que es completamente distinto por lo que evoca, por los recuerdos que ayuda a recuperar, por ese otro mundo mucho más rico que creamos colectivamente con los productos de nuestra mente y que esos objetos simbólicos nos ayudan a revivir. El mundo es un páramo si no le nutrimos de todo lo que hemos imaginado sobre él. Un DeLorean no es una máquina del tiempo: es una máquina mental.
    Que viaja por el Mundo 3.
    Quizá algo más, porque exhala ese aroma que emana de los objetos significativos.
    Noche, eso es fetichismo.
    ¿Y qué es la vida si no hechizo, Profesor?