miércoles, 21 de octubre de 2020

Fin

El Profesor está en el centro del salón. Viste un largo guardapolvo negro. Con el brazo derecho sostiene una mochila que cuelga de su hombro. Estático y vertical, mira alrededor como si estudiase un campo de batalla. En el suelo ve las cosas de Noche. Sobre la mesa baja una botella vacía y una copa con apenas un sorbo de vino. En el sillón de orejas, el bastón de B. Se acerca a la librería y acaricia con los dedos los libros que encuentra a la altura de sus ojos. Saca uno de ellos y se lo guarda en un bolsillo.

De pronto parece recordar algo así como una posibilidad y mira la pantalla extradiegética, pero en ella solo ve nieve electrónica. Busca el mando de la televisión, lo dirige hacia lo alto, aprieta un botón y todo se funde en negro.

 

sábado, 17 de octubre de 2020

La lista

La piel de Noche se ve translucida como si fuese de alabastro. Está sentada en el sofá, exangüe. Con sus últimas fuerzas, dice

    B, cuéntame algo interesante.

    Ahora mismo estaba pensando que el conocimiento solo adopta cuatro formas: la fórmula matemática, el diagrama de flujo, la lista y la metáfora.

Noche pone un gesto a medio camino entre el dolor leve y la perplejidad. Entonces dice

    Eso es en sí una lista, ¿verdad?

B sonríe, asiente, mira sin ver a Noche y adivina sus mejillas encendidas por el rubor de la vida que le ha vuelto por un rato.

martes, 13 de octubre de 2020

El relato

Por el suelo del salón se pueden ver desperdigados, revueltos, se diría que tirados, los juguetes de Noche: el diávolo, la pelota de equilibrios, el hula-hoop, el caballete, las máscaras, el espejo de pie, el chal metalizado, el antifaz de plumas, el gorro cónico, los disfraces, las camisetas… Rellena una copa de vino con el último contenido de una pesada botella bordelesa. Tras darle un largo sorbo, dice

    ¿Y si no volviera?

    Supongo que acabaríamos desvaneciéndonos —contesta B.

    ¿Y si volviera más tarde?

    Quizá también nosotros volviésemos, aunque quién sabe cuánto de cambiados.

    Un poco anticlimático todo esto, ¿no?

    Nunca fuimos un relato.

    ¿Tener un pasado no implica tener un relato?

    No necesariamente, pero permite construirlo.

    Algo es algo.

    De hecho, es lo único que tenemos.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Arrugas

Noche, en medio del salón y delante del caballete, dibuja con carboncillo sobre un lienzo. B, en el sillón de orejas, repasa la lista de las metáforas. Entonces, como si hubiese escuchado el roce del carboncillo sobre el lienzo, va y dice

    ¿Qué dibujas?

    Te dibujo a ti.

    No soy más que arrugas.

    Eso dibujo.

lunes, 28 de septiembre de 2020

Idiota y mala

B se plantea si la luna es un sol ceniciento. Noche, con auténtica saña, lanza con la mano derecha una pelota de tenis a la mano izquierda. La izquierda le devuelve entonces la pelota a la derecha con una grácil parábola y vuelta a empezar. 

Dice B

    Te veo cabreada.

    He descubierto que se puede ser idiota y mala…

    ¿De veras?

    … y mandar.

    Ya. Hombres idiotas y malos llevan milenios detentando el poder.

    Sí, es genial, hemos alcanzado la igualdad.

viernes, 25 de septiembre de 2020

Ser otro

B anda inventando metáforas de la luna mientras Noche repasa la conversación sobre Ser B del otro día. Cuando su propia imagen funde a negro en la pantalla extradiegética, Noche dice

    Entonces, ¿el Profesor quiere ser tú?

    Eso parece.

    Es terrible querer ser otro.

    Lo terrible es empeñarse en ser uno mismo.

    Que digas tú eso…

    Yo pasé la vida buscando al otro.

    ¿Al otro?

    Sí, al otro B.

lunes, 21 de septiembre de 2020

In-finito

Noche curiosea en su caja de tesoros. De pronto dice

    B…, ¿si pienso en el infinito quiere decir que está en mi mente?

    No. Tan solo le has añadido un prefijo a la palabra finito.

    Pero ese prefijo niega lo finito, luego se refiere a lo no finito.

    Tan solo es un truco. Piensa que finito se refiriese al contenido de tu caja de tesoros.

    De acuerdo.

    ¿Puedes enumerar su contenido?

    Sí.

    Luego tu mente lo abarca.

    Sí.

    Ahora niega tu caja de tesoros: infinito querrá decir entonces todo lo que no está en la caja.

    Cierto.

    Pues enuméralo.

    ¿El qué?, ¿todo lo que no está en mi caja?

    Sí, eso a lo que hemos llamado infinito.

    B, es imposible.

    Ahí tienes la diferencia.

    Wow.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Gesto dramático

B parece escuchar con atención, aunque no sabemos qué. Noche, con gesto crispado, lee las noticias en una tableta. De pronto, dice

    ¿No has soñado nunca con hacer un gesto dramático, uno que acojone al mundo?

    Una vez sinteticé en una palabra la complejidad del cosmos.

    Sí, eso está muy bien, pero me refiero a algo más físico, más agresivo, tipo puñetazo en la mesa.

    Entiendo. Otra vez leí de alguien que quería “ver destruido el orden de este mundo” y pensé que yo también.

    Sí, pero no. Quiero decir un gesto que sea realmente destructivo, irreversible.

    Soy hombre de palabras. Las navajas son para mí de la misma sustancia que unicornios y sueños.

    Las palabras pueden doler como cuchilladas.

    Pero tienen que ir cargadas de odio.

    ¿Nunca has odiado lo suficiente?

    Digamos que nunca he odiado nada que me interesase lo suficiente como para gastar tiempo en la lucha.

Noche cierra la tableta y la deja sobre el sofá. Algo no le cuadra. Durante unos segundos emite un ronquido sordo y continuado. Por fin dice

    Y el veneno que se queda dentro, ¿qué haces con él?

    Mastico hojas de sardonia.

sábado, 12 de septiembre de 2020

El autor

Noche, en la mesa de dibujo, trastea con Google Maps. Desde el sillón de orejas, B, que acaba de recitarse a sí mismo los tres mil ciento ochenta y dos versos del Beowulf, le pregunta

    Sigues buscándole.

    Mientras le busco siento como si estuviera.

    Yo especulo inversamente: no debe estar muy lejos si nosotros seguimos siendo.

    ¿Acaso somos imaginaciones suyas?

    Es una posibilidad.

    ¿Y si fuésemos soñados los tres?

    ¿Por quién?

    No sé… ¿por un autor?

    Has leído a Berkeley.

Noche se ríe relajadamente, como si se liberase de una tensión interna y dice

    Pues claro que he leído a Berkeley. ¿Y tú?

    Descarada.

lunes, 7 de septiembre de 2020

La indigencia del idioma

B sonríe y, al hacerlo, parece imitar al gato de Chesire. Noche lleva una camiseta con un Diógenes, farol en mano, estampado en el pecho. Da vueltas por el cuarto. De pronto dice  

    ¿Qué puede estar haciendo?

    Buscar metáforas.

    ¿Dónde?

    Fuera.

    ¿Por qué fuera?

    Porque las metáforas son saltos de la imaginación, conexiones sorprendentes, resonancias inesperadas, y todo eso hay que buscarlo fuera, más allá, por ahí.

    No me puedo creer que el Profesor no tenga palabras suficientes para expresarse.

    La metáfora es consecuencia de la indigencia del idioma.

    ¿Tú hablas de indigencia del idioma?

    ¿Nunca te han faltado las palabras?

    Sí, pero a mí aún me faltan muchas por aprender.

    La broma es que todas no son suficientes.

domingo, 6 de septiembre de 2020

Ser B

Noche está sentada en el sofá, con las manos apoyadas en las piernas y la mirada al frente. B, desde el sillón de orejas, contempla la nada que se extiende infinita ante él. Entonces dice

    ¿Y tu amigo?

    No sé nada de él desde hace dos meses.

    Mucho tiempo.

    Sí. Nunca había pasado tanto sin hablarme.

    Quizá no tenga nada que decir.

    No hace falta decir nada para estar juntos.

    Los hombres como él necesitan tener cosas que decir.

    Tú no.

    Al contrario: está en mi naturaleza tener qué decir. Por eso suelo callar.  

Noche abandona su envarada postura y se hace un ovillo en el sofá. Cuando parece que se está quedando dormida, dice

    ¿Volverá?

    Seguro que sí. Y lo hará cargado de nuevas historias.

    ¿Cómo lo sabes?

    Porque quiere ser yo.

    Pero no puede.

    Ya, pero él aún no lo sabe.

miércoles, 8 de julio de 2020

Monográfico sobre el tiempo

El Profesor está en la puerta. A su lado descansa una maleta trolley con el manillar extendido.  El Profesor apoya en él su mano derecha con muy poca elegancia, como si no supiera muy bien qué hacer con ella.

    ¿Te vas? —pregunta Noche.
    Sí.
    ¿Qué plan tenéis?
    Lorenzo ha preparado unas cajas de vino y un monográfico sobre el tiempo, desde Agustín de Hipona hasta Julian Barbour pasando por Newton, Nietzsche, Bergson, Han…
    Vosotros sí que sabéis montároslo...

El Profesor permanece tieso como un palo, como si no supiese despedirse. Noche entonces se acerca a él, apoya sus muñecas en sus sienes, acerca su boca a la suya y le da un largo beso en los labios. Cuando por fin se separa de él, dice

    Esto es para que no te pierdas.
   
    Y para que encuentres el camino de vuelta.
   
    Profesor, vete.

miércoles, 1 de julio de 2020

Desilusión

Noche entra de la calle. Viste unos pantalones vaqueros escandalosamente cortos y una camiseta con un smiley estampado en el pecho.

    Vaya cara.
    La que tengo.
    ¿Qué te pasa?
    Nada.
    Profesor…
    Me desilusiona el mundo.

Noche se levanta, va hasta la cocina y vuelve con dos copas y una botella de vino blanco de aspecto gélido: rellena las copas, le tiende una al Profesor y dice

    Sabes que la desilusión habla de ti y no del mundo, ¿verdad?
    Quizá si me lo explicas...
    Tu desilusión no pone en cuestión el mundo, pone en cuestión tus ilusiones acerca de él.
    Vale, pero…
    No es el mundo el que ha fallado, sino tú el que se equivocó al desear.

Tras unos segundos de silencio y un par de sorbos de vino, dice el Profesor

    Qué desilusión…
    Pero, ¿no te he dicho que el mundo no…
    No es el mundo el que me desilusiona ahora: soy yo.
    Dios, qué paciencia.

sábado, 27 de junio de 2020

Reproches

Noche duerme en el suelo. De pronto se despierta, ve al Profesor de pie en la entrada del salón y le dice

    ¿Dónde has estado?
    Trabajando.
    ¿Dos semanas?  
    Era un proyecto urgente.
    Te he echado de menos.
    Y yo a ti.
    No tanto si no has tenido un minuto para hablar conmigo.
    Noche…
    Ya, ya sé, no va conmigo lo de los reproches, pero a veces no me importaría ser menos yo.


sábado, 13 de junio de 2020

Nueva oportunidad

El Profesor lee. De pronto se quita sus gafas de présbita y dice

    Dicen que todo esto puede ser una nueva oportunidad.
    ¿De veras?
    Quizá la humanidad tome conciencia de su locura.
    ¿Es esta la primera crisis de la historia?
    No.
    ¿Nos han cambiado crisis anteriores?
    No.
    Pues eso.

El Profesor pone cara de pensar “mira que es lista” y vuelve a su libro. Noche, en equilibrio sobre una gran pelota de colores, hace girar un hula-hoop con las caderas cuando una idea le viene a la cabeza y la golpea con la rotundidad de una pluma de ganso. Entonces dice

    Aunque sí puede que algo cambie.
    ¿Ah sí?
    Sí: la ilusión de libertad. Puede que perdamos también eso.
    La ilusión de libertad...
    Sí.


viernes, 12 de junio de 2020

Conflicto

Noche está pintando en el centro del salón. El Profesor se acerca, se pone tras ella y mira su trabajo: en el centro aparece una pequeña figura humana pintada con detalle de miniaturista. Montones de figuras semejantes, pero reducidas a siluetas negras, se disponen a partir de la figura central formando dos líneas ondulantes que recorren el lienzo de arriba abajo y de izquierda a derecha.

    ¿Título?
    Conflicto. Vivimos en conflicto sincrónico con los demás y diacrónico con nosotros mismos.
    ¿Horizontal sincrónico y vertical diacrónico?
    Sí.
    También podría verse como un conflicto espacial con los demás y uno temporal con nosotros mismos.
    Déjame… Los otros son los que ocupan otros lugares, mientras que mi yo ocupa otros tiempos. ¿Es eso?

El Profesor asiente y dice

    La cosa es discutir.
    Sí.

Noche mancha su pincel de rojo y empieza a unir la figura central con siluetas elegidas parece que al azar mediante trazos caprichosos y sangrientos.

domingo, 7 de junio de 2020

Despertar

El Profesor parece ausente en el sillón de orejas. Noche deja de saltar la comba y le dice

    Profesor, tienes mala cara.
    He tenido un mal día.
    Algo bueno habrá tenido.
    Sí: el instante ese del despertar en el que aún no recuerdas quién eres.
    ¿Cuándo se estropeó?
    Cuando me acordé de quién soy.

miércoles, 27 de mayo de 2020

Héroes por un día

El Profesor lee en el sillón de orejas. Noche lleva una camiseta con el beso de Doisneau estampado en el pecho. Da vueltas por el salón hasta que pregunta

    Profesor, tú, con alguno de esos amores tuyos, ¿fuisteis héroes?
    Noche, ¿héroes?
    Sí, si fuisteis héroes, al menos por un día.
    Ah, ya. No, nunca.
    Te he imaginado de joven y apasionado y he pensado que tendrías días de…
    Me has imaginado joven… ¡y apasionado!
    No seas cínico.
    Noche, ni un solo día de mi vida he sido capaz de olvidarme de todo, ni del mundo, ni del pasado, ni del mañana. Ni un solo día me he abandonado por completo a la libertad o al deseo. Nunca he vivido un día de perfecta plenitud.
    Así dicho, la verdad es que yo tampoco.
    Estoy seguro, porque hay que ser muy simple para ser un héroe.
    Aunque sea por un día.
    Aunque sea por un día.

Noche se levanta, se viene hasta la ventana y nos mira. Sonríe con gesto de imaginar y dice

    Un día no, pero, ¿unas horas?
    Bueno, durante unas horas si es posible que...

El Profesor no termina la frase y ambos se sumen en sus pensamientos. Por fin, Noche concluye

    Un día entero debe ser la hostia.
    Sí.




martes, 26 de mayo de 2020

¿Dónde está B?

Dice Noche

    B no está.
    No.
    ¿Te has preguntado dónde está B cuando no está aquí?
    La verdad es que siempre parece estar en otro sitio.
    Sí, así es el tipo, pero yo no hablo de cuando está aquí pero parece estar en otro sitio, digo cuando realmente no está, cuando realmente está en otro sitio. ¿Qué sitio es ese? ¿Dónde está?
    ¿En su casa? —pregunta sarcástico el Profesor.
    No sé nada de que tenga una casa.
    Aunque no sepas es lo normal pensar que tiene una… Pero, oye, ¿no era amigo de tu familia?
    Sí, pero hacía lo que aquí: simplemente aparecía.
    O desaparecía.
    Aunque nunca del todo.
    Es curioso que digas eso…
    ¿Por qué?
    Porque cuando hablamos de él cambiamos el tono, como si estuviera.
    No es el tono.
    ¿No?
    Son las palabras. En presencia de B las usamos de otra manera —explica Noche.
    O en su ausencia.
    Es que nunca está ausente del todo y por eso…
    Ya.





martes, 19 de mayo de 2020

Elegancia

En la pantalla extradiegética se ve un poliedro flotar y girar lentamente mostrando su estructura irregular. El Profesor, que anda trasteando con el ordenador, acaba de chasquear los dedos y de pronunciar al tiempo un “sí” alto y enérgico. Noche se le acerca por detrás, mira la pantalla y dice 

    ¿Lo tienes?
    Sí.
    ¿Cómo lo sabes? Yo sigo viendo el mismo dibujo.
    Sí, pero el dibujo no es más que fachada. Ahora conozco su estructura, ahora sé cómo es.
    ¿Y cómo sabes que sabes?
    Porque he entendido su elegancia.
    ¿Elegante? Seguimos hablando del poliedro, ¿no?
    Sí.
    Define elegante en este contexto, por favor.
    Es una mezcla de sencillez, necesidad y simetría.
    Wow.
    Sí.

Noche se queda en silencio, pensando, hasta que pregunta

    ¿Y yo? ¿Soy todo eso?, ¿soy sencilla, necesaria y simétrica?

El Profesor se quita las gafas de présbita, se levanta y, mientras se dirige a la cocina, pregunta

    ¿Un vino?
    Eh, no te escabullas, y contesta, ¿lo soy o no lo soy? Dime, ¿soy sencilla y…?


domingo, 10 de mayo de 2020

Trabajo

Noche calma al Profesor, que se ve agitado. Pasados unos segundos, más tranquilo, dice

    Por un momento me he olvidado de nosotros.
    Muy bonito.
    No, no te lo tomes a broma. Por un momento he olvidado esto, este lugar, nosotros, a B, los libros, el sofá y el sillón de orejas, lo he olvidado todo, te he olvidado a ti.
    ¿Y?
    ¿Cómo que y?
    Sí, que si habías olvidado todo esto, ¿qué eras?, ¿quién eras?, ¿dónde estabas?
    Estaba ocupado, haciendo cosas, trabajando…
    Pero ¿quién eras?
    En realidad no era nadie, tan solo era uno que trabajaba, uno que hacía…
    Cariño, te has soñado enajenado.
    Ha sido horrible.
    Si quisieras, yo sé cómo quitarte la tontería.
    No te aproveches.
    ¿Y un vino?, ¿me aceptas un vino?
    Gracias.