domingo, 16 de febrero de 2020

Sequía

El Profesor está ante el ordenador, haciendo clics con el ratón. Noche lleva una camiseta negra en la que se pueden leer en una nube palabras como Stendhal, Baroja, Nabokov, Borges, Goytisolo… Entonces va y dice

    Profesor, no escribes.
    No.
    ¿Por qué?
    No tengo nada que decir.
    Siempre tienes algo que decir.
    Quiero decir que no tengo nada que decir que merezca la pena ser dicho.
    Todo lo que dices merece la pena…
    Quiero decir que merezca el esfuerzo de ser dicho.

Noche se queda pensando durante unos segundos.

    Profesor, ¿qué merecería la pena?
    Escribir algo capaz de cambiar el mundo.
    Eso nunca ha pasado: nunca las palabras han cambiado el mundo.
    Discrepo.
    En cualquier caso, hoy eso es imposible.
    En eso sí estoy de acuerdo: por eso no escribo.    


miércoles, 12 de febrero de 2020

Gravedad

Dice Noche

    Profesor, no lo entiendo.

El Profesor, que estaba leyendo en el sillón de orejas, deja el tomo de Rojo y negro en la mesita de su izquierda, se quita las gafas de présbita, mira a Noche y dice

    ¿Perdón?
    Que no, que no lo entiendo. ¿De verdad que nunca has pensado en seducirme?
    ¿Seducirte? Qué antiguo suena eso...
    No te enrolles.
    Vale: no, nunca he pensado en seducirte.
    ¿No te gusto?
    Cómo no me vas a gustar…
    ¿Entonces? ¿Es una especie de prueba? ¿Una promesa? ¿Voto de castidad? ¿Una apuesta? ¿Un…
    Las cosas que parecen sencillas suelen ser complejas, pero también ocurre lo contrario; lo que parece complejo suele ser en el fondo mucho más sencillo.
    Estoy esperando.
    Lo que no empieza no termina. No quiero que esto termine.
    Profesor, no tiene por qué…

Noche no termina la frase. Ve al Profesor inclinar ligeramente la cabeza y arrugar los ojos como diciendo “sabes que tengo razón”. Se acerca hasta él, se sienta sobre sus piernas y se acurruca sobre su pecho. El Profesor la abraza y dice

    Noche, pesas.
    Lo sé.       

domingo, 9 de febrero de 2020

Trivial

Noche entra de la calle. Tira su mochila al sofá y empieza a dar vueltas por el salón. El Profesor, que está trabajando en la mesa de dibujo, la observa con atención. Por fin, Noche dice

    Me tenía que haber decidido, tenía que haber dicho que sí.
    ¿Y por qué no dijiste que sí?
    No sé, no me atreví, no lo vi claro, pero ahora…
    Entonces hiciste bien.
    Eso suena muy conservador hasta viniendo de ti.
    Lo positivo está sobrevalorado. La acción está sobrevalorada.
    ¿Tú crees?
    Gracias a que no dijiste que sí puedes imaginar lo que podría haber sido y sumirte en la melancolía.
    Genial.
    Pero si hubieses dicho que sí ahora estarías enfrentándote a las consecuencias.
    Que podrían ser geniales.
    O frustrantes.
    En cuyo caso podría imaginar lo que podría haber sido de no decir que sí y sumirme después en la melancolía.
    Eso también es verdad.

B, que andaba explorando infinitos en el sillón de orejas, levanta su bastón y dice

    Seguís empeñados en colapsar la onda.  
    ¿Perdón?

B deja de mirar el cielorraso y, con evidente gesto de cansancio, pregunta

    ¿Cuántas alternativas ofrecen las bifurcaciones?
    ¿Dos? —arriesga el Profesor.
    No: tres  —corrige B.
    ¿?
    Sin contar con que siempre se puede uno quedar quieto.

domingo, 2 de febrero de 2020

Supervivencia

Noche lleva un vestido de tirantes que cuelga de sus hombros con la naturalidad de una segunda piel. Por aquí y por allá sutiles estampados de flores naranjas, azules, moradas, rompen la monotonía del negro. El Profesor entra de la calle, ve a Noche  y dice

    Estás preciosa.
    Gracias, Profesor.
    ¿Sales?
    No.

De pronto, como si volviese de algún tipo de estasis, el Profesor pregunta

    ¿Y ese biombo?

El biombo en cuestión es espectacular, de seda, con los inevitables y evocadores motivos chinos. Les oculta el centro del salón, aunque no a nosotros, que vemos un velador, una cubitera con una botella renana y un bol con una montañita de huevas negras.

    Es bonito, ¿verdad? —dice Noche, mientras lo aparta con cuidado.
    Eh, caviar, vino, ¿qué celebramos?
    Que nada ha cambiado desde ayer.
    ¿No eres muy joven para decir esas cosas?
    Cada día me asombro de que sigamos vivos.
    Eso es trivial: lo hacemos todos los días siete mil millones de seres humanos.
    Pero no siempre los mismos.   


miércoles, 29 de enero de 2020

Cabreo

Noche entra de la calle y se encuentra al Profesor en el sillón de orejas. Le mira y le dice

    Profesor, ¿ocurre algo?
    No.
    Vaya que no: menuda cara.
    La que tengo.
    Sí, de estar más cabreado que una mona.
    ¿Tanto se nota?
    ¿Por qué, Profesor? ¿Qué ocurre?

El Profesor, se levanta, se acerca a la ventana, nos mira, se toma su tiempo, y dice

    No me acuerdo.

Noche reprime una carcajada, se acerca al Profesor, le abraza por detrás y apoya la cabeza en su espalda.