domingo, 24 de marzo de 2019

Lérmontov

Noche, aunque viste unos pantalones flojos y una camiseta, lleva sobre la cabeza un gorro tártaro de color negro y aspecto suavísimo. Se planta delante del Profesor, que lee en el sillón de orejas, y dice

    Profesor.
    ¿Sí?
    Lérmontov.
    Leyó a Byron y se vio en él. Bebió, leyó, jugó, escribió, sedujo, folló, luchó y mató antes de que nosotros, tú y yo, aprendiésemos a atarnos los cordones de las zapatillas.
    ¿Eso le justifica?
    No sé qué entiendes por justificación, pero no, no es eso: lo que quiero decir es que vivió más en unos pocos años que la mayoría en toda su vida. Quizá la vida no dé para más. Es un tópico lo de las vidas que, por fulgurantes, son efímeras. Quizá las experiencias posibles son limitadas y solo podemos elegir entre vivirlas en un suspiro de pasión o dilatarlas en décadas de aburrimiento.
    ¿Tú te aburres?
    Jamás.
    Observo cierta contradicción en tu discurso.
    Cariño, soy un ratón de biblioteca y el de nuestra especie es un mundo infinito porque abarca todas las historias, todas las vidas, todas esas experiencias que alguien, en cierto momento, tuvo la paciencia o la necesidad de contar. No nos limitamos a una vida: las experimentamos todas.
    Pero no puedes comparar tus experiencias prestadas con las reales.
    No lo pretendo: ¿No has oído lo de que soy un ratón?