martes, 24 de mayo de 2022

Sexo

Noche y el Profesor están juntos en el sofá, comiendo palomitas y viendo Eyes Wide Shut, de Kubrick. Lo sabemos porque en la pantalla extradiegética se ve la escena en la que Nicole Kidman se mira desnuda en el espejo.

    Parecemos viejos.
    Viejos… ¿por la película?
    No.
    Por el sofá y las palomitas.
    No.
    ¿Entonces?
    Porque no tenemos sexo.
    Noche, tú y yo nunca hemos tenido sexo.
    En mi cabeza sí, pero viendo a estos me he dado cuenta de que ya ni eso.

El Profesor no dice nada, pero en su cara aflora un apenas perceptible rictus de contrariedad.

 

martes, 17 de mayo de 2022

Difícil

Noche y el Profesor nos miran a través de la ventana. Noche dice

    Es difícil, ¿verdad?
    Sí.
    ¿Hablamos de lo mismo?
    Seguro.
    Vivir.
    Sí.

jueves, 12 de mayo de 2022

Renuncia

Noche está componiendo un collage con trozos de carteles arrancados de las paredes de la ciudad. Lo hace mientras baila una música que no se oye pero que se adivina fluye de sus auriculares a sus oídos. De vez en cuando le echa un vistazo al móvil y teclea alguna cosa. Mientras, el Profesor, sentado en el sillón de orejas, parece esforzarse en mantener un gesto hosco.

Noche le pregunta

    Profesor, ¿qué te pasa?
    Me abruma la edad.
    Qué hiperbólico eres.
    A tu edad el futuro está abierto, pero a la mía uno tiene suficiente experiencia como para poder hacer un cálculo. Si miro hacia atrás veo el tiempo consumido y lo que he sido capaz de hacer con él. Si miro hacia delante una simple proporción me dice que apenas me queda tiempo para nada.
    Elige qué quieres hacer y ponte a ello.
    El problema no es elegir lo que quieres hacer, el problema es elegir las cientos de cosas que no vas a hacer, todo eso a lo que vas a renunciar posiblemente para siempre.

Noche deja de hacer lo que hace y desaparece de escena, aunque vuelve enseguida con una botella de vino y dos copas. Le tiende una al Profesor, las llena y, tras hacerlas chocar suavemente, dice

    ¿Has pensado en no elegir? ¿Has pensado en no hacer nada?

Por el rostro del Profesor desfilan uno tras otro gestos de negación, indignación, estupefacción, comprensión y diversión antes de contestar

    Ahora sí.

Noche choca las copas de nuevo, bebe un poco de vino y vuelve a su collage.

miércoles, 4 de mayo de 2022

Objeto encontrado

En el centro del salón se ve una mesa sobre borriquetas repleta de colorida quincalla informática. Noche, con guantes de soldador y provista de una cizalla, corta trozos de circuitería y los presenta sobre un tablero de madera probando distintas combinaciones en las que el azul de la placa contrasta con el brillo del estaño, el verde, rosa o naranja de puertos y slots y el negro de los chips. El Profesor, desde la mesa de dibujo, mira. De pronto, pregunta

    ¿Y dices que estás componiendo una alegoría del progreso?
    En realidad no es sobre el progreso, sino sobre la fascinación que produce el progreso.
    Pero eso es chatarra.
    Sí, pero terriblemente simbólica.

Noche sigue cortando trozos y probando, cortando y probando. De pronto dice ¡Claro, qué tontería!, aparta de un golpe todo lo que había preparado, coge una placa base nueva, la sujeta al tablero y le enseña el resultado al Profesor.

    Ya está. ¿Qué te parece?

El Profesor pone gesto de extrañeza y diversión a la vez.

    Noche, eso es una placa tal cual. No has hecho nada con ella...
    Te equivocas: la he elegido.
    Ya.
    ¿No te gusta? —pregunta Noche con la más encantadora de sus sonrisas.
   
   
    Dame tiempo —contesta por fin el Profesor.

martes, 26 de abril de 2022

Una noche sin palabras

Noche está en medio del salón frente al caballete, sobre el que descansa un lienzo que acaba de pintar completamente de negro. Tras mirarlo desde diversos puntos de vista, dice

    Profesor, háblame de una noche.
    Tumbado de espaldas en una gran piedra de granito vi luces que surcaban el cielo. De pronto entendí que eran satélites artificiales.
    Otra.
    Tras rechazar su invitación y mientras ella se iba en un taxi, yo me senté junto a su marido, en un bordillo, y allí nos lamentamos juntos de las mujeres sin darle mayor importancia a la lluvia.
    Otra.
    Rodeado de mis libros y los gatos del vecino tomé conciencia de que me había quedado completamente solo.
    Te doy una última oportunidad.
    Una noche, con quince años, bailé hasta el amanecer con una chica sin cruzar con ella una palabra.
    ¿Por qué?
    No compartíamos ningún idioma.
    Esta me gusta: dime, ¿quién era ella?


martes, 19 de abril de 2022

Lluvia

B. está sentado en el sillón de orejas explorando las formas secretas de la materia oscura del universo. El Profesor observa en el amplificador de sueños a una bellísima mujer que juega con un schnauzer gigante al que llama Lluvia. En la pantalla extradiegética se ve llover. Noche mira por la ventana. Entonces dice

    Profesor, ¿te gusta la lluvia?
    De joven sí. Ahora no.
    ¿Te entristece?
    Me moja.


miércoles, 13 de abril de 2022

¿Me quieres?

Noche lleva una camiseta con un corazón roto estampado en rojo sobre fondo negro. Hojea en la tableta páginas turísticas de París, de Laponia, del Mato Grosso. De pronto pregunta

    ¿Me quieres?
    Claro.
    ¿Te parece esa una contestación?
    No sé contestar de otra manera cuando me preguntas algo que sabes.
    A veces hay que explicitar lo implícito, renovar eso que se supone que sabemos, decir en voz alta lo obvio…

El Profesor se sienta en el sofá al lado de Noche. Coge un mando a distancia y se pone a teclear. En la pantalla extradiegética se ven listados de carpetas que se abren en subcarpetas que se abren en subcarpetas. Por fin el cursor se fija en King Crimson Starless. Entonces la música empieza a sonar. Al poco, las lágrimas resbalan por las mejillas del Profesor.

Noche le coge de la mano y dice

    Profesor, lo entiendo. Yo también te quiero.


jueves, 7 de abril de 2022

El corazón en el espejo

Noche está en medio del salón, mirándose en un gran espejo de pie. Dice

    Profesor, ven.

El profesor, dócil, se pone al lado de Noche y, siguiendo un gesto que le hace con el dedo índice de la mano derecha, mira él también al espejo. Entonces dice Noche

    Me acabo de dar cuenta de que, cuando me miro al espejo, me imagino el corazón en el lado contrario a dónde realmente está.
    Esta en el izquierdo, luego en el reflejo está… eh, es verdad, ¡yo también lo colocaba mal!
    ¿Qué torpes, no?
    Los espejos nos confunden.
    Entre otras cosas.


miércoles, 6 de abril de 2022

Sacrificio

Noche, encaramada en la escalera de la librería, sostiene en sus manos Masa y poder. Dice

    Escribe Canetti que el sacrificio que hacen algunas religiones a los dioses deriva de cuando los animales huyen en manada de un depredador. Cuando un león se lanza al ataque, cada gacela corre aterrorizada por si es ella la capturada, pero en cuanto una gacela cae las demás se sienten a salvo y vuelven a pacer tranquilamente en la sabana. Si las gacelas tuviesen religión, sigue Canetti, quizá le ofreciesen una de ellas al dios león para que dejase en paz a los demás. Pues bien: eso es el sacrificio: adelantarse a los deseos del depredador para minimizar el daño. Es mejor que se coma el cordero del sacrificio que tenga que buscar una víctima entre los oferentes.
    Interesante. Un mal menor, una negociación tácita, pura teoría de juegos, aunque yo hubiese hablado de una leona y no de un león, pero la idea me parece… 
    Sí, a mí también me ha parecido interesante que derive la idea del sacrificio de la una evolución de un comportamiento animal. Pero con este esquema hay algo que no entiendo: el sacrificio de Jesús.
    Wow, como dirías tú. Dale.
    Si al ofrecerle al dios un sacrificio evitamos que intente comernos a los demás, ¿qué es lo que evitó Jesús dejándose crucificar? ¿De qué se supone que salvó a la humanidad? 
    Ja, ja, ja…
    ¿De qué te ríes?
    De que eres una antigua.
    ¿Perdón…?
    Una antigua, ja, ja, ja.
    Profesor, te la estás ganando…

martes, 29 de marzo de 2022

martes, 22 de marzo de 2022

Leche de tigre

Noche y el Profesor están sentados en un velador en el centro del salón. En la mesa hay una fuente con pescado y cada uno come de un cuenco con una cuchara. Una cubitera con una botella renana y dos copas completan el decorado.

    ¿Quién te ha enseñado a cocinar ceviche, Profesor?
    Los libros.
    La leche de tigre está deliciosa.
    Gracias.
    Dicen que es afrodisiaca.

El Profesor, sin dejar de mirar su cuenco, guarda silencio. Noche parece pensar. Por fin dice

    ¿Crees que nos acercamos al fin del mundo?
    Siempre nos acercamos al fin del mundo, cada día que pasa estamos un día más cerca del fin del mundo, pero sí, a veces parecemos ansiosos por llegar a la meta y este es uno de esos momentos.
    ¿Y no crees que en una situación así, con el apocalipsis a las puertas, no deberíamos…?
    Noche…
    Profesor, déjate de reticencias. ¿Sabes?, hay algo que no entiendo. Si tan convencido estás de que al mundo le queda un cuarto de hora, ¿por qué sigues renunciando a vivir? Si fueras otro pensaría que lo tuyo es pose, que cuando me hablas de la superpoblación, del agotamiento de las fuentes de energía, del desastre medioambiental, no es más que pose. Me cuesta pensar eso de ti, pero la verdad es no te comprendo: ¿por qué no nos vamos, por qué no hacemos el petate y nos largamos por ahí y que el fin del mundo nos pille en el Pont des arts, en Laponia o en el Mato Grosso, en una playa, desnudos y borrachos, o bajo sábanas de seda en un hotel de la rue de Rivoli. Tú has vivido, no sé muy bien cuánto, y quizá te conformes con eso, pero piensa en mí, piensa en todos los recuerdos que no tengo.

El Profesor por fin levanta la cabeza, mira a Noche y dice

    Habría que elegir.
    ¿Elegir?
    Sí, entre París, Laponia y el Mato Grosso. No sé si tendremos tiempo para todo.
    Profesor…
    Hemos dicho que sin reticencias —dice el Profesor, sonriendo.
    Va a ser verdad lo de la leche de tigre —concluye Noche.

martes, 15 de marzo de 2022

Sobre el abismo

El Profesor está sentado en el sofá y tiene los dedos posados en el amplificador de sueños. Noche entra de la calle, se desprende de la impedimenta y se sienta al lado del Profesor. Sobre el cilindro de cristal solo se ve bruma.

    Lo recordarás: en los dibujos animados era habitual que un personaje, tras una huida desesperada, se pasara de frenada, superara el borde de un acantilado y se encontrara de pronto flotando en el vacío. Era como si la gravedad tardase un tiempo en hacer efecto. El personaje en cuestión seguía allí durante unos instantes moviendo sus piernas a toda velocidad como si aquello pudiera demorar lo inevitable. Lo interesante es que esos instantes preciosos eran suficientes para que el personaje tomase conciencia de su trágica situación. Solo entonces, cuando su rostro mostraba que sabía perfectamente lo que le iba a pasar, la gravedad entraba en acción y el personaje caía en el abismo.
    Entiendo que es una metáfora —dice Noche.
    Sí.
    Y… el que cae, ¿eres tú?
    ¿Yo? Ah, ya, yo no…, sí, la verdad es que podría ser.
    ¿Entonces?
    Yo estaba pensando en el mundo.


martes, 8 de marzo de 2022

8 de marzo

Noche está encaramada a la escalera de la librería. Busca algo en Una habitación propia de Virginia Woolf. Devuelve el libro al estante y desde allí pregunta

    ¿Por qué cuesta tanto convencerles?
    Porque es más fácil dejarse llevar que cambiar. La inercia no tiene coste.
    ¿Eso es todo?, ¿inercia?
    Podemos pensar en el mal y en el demonio para alimentar nuestra indignación, pero solo es inercia.
    Lo triste es que se equivocan. Juntos nos divertimos más.

El Profesor sonríe, mira a Noche durante unos instantes y dice
 
    Eso merece un brindis. ¿Vino?
    ¿Qué tal un gewurztraminer fresquito? —sugiere Noche mientras baja de la escalera.


sábado, 5 de marzo de 2022

Incendio

Noche y el Profesor miran la televisión. En la pantalla extradiegética se ve la guerra.

    Los incendios hay que apagarlos.
    Sí, pero no echando gasolina.
   
   
    Las metáforas dan para todo, ¿verdad?
    Sí.


martes, 1 de marzo de 2022

Violencia

Noche tiene puestos unos guantes de boxeo y anda dándole puñetazos a un saco colgante. Entre grititos y jadeos dice

    Era yo una cría. Estaba sentada en un banco del parque, jugando con una muñeca. En frente de mí se pararon un chico del barrio y su padre. El chico gritaba y gritaba y no paró hasta que el padre le soltó una bofetada. El niño se puso a llorar. El padre se lo llevó a rastras. Al rato el chico volvió. En apenas nada pegó a otro niño, empujó y tiró al suelo a una niña y le dio una patada a un perro.
    ¿Cómo terminó la cosa?
    Tras patear al perro se dio cuenta de que le estaba mirando y vino hacia mí. En ese momento pensé que era un momento buenísimo para volver a casa.
    ¿Y la moraleja?
    Pues que la violencia es como un virus.
    Me parece bien: desarrolla.
    No solo se transmite, sino que en cada nuevo huésped crece. Aquel niño no se quedaba saciado con ninguna de sus violencias. Quería más. Le habían hecho daño y nada le compensaba. Ese día aprendí cómo se transmite el mal y por qué el mal tiende a crecer: es un problema de asimetría: al no experimentar el dolor ajeno nunca sentimos que sea equiparable a nuestro propio dolor, tan real, tan vívido. Por eso el ojo por ojo no es suficiente y procuramos sacar dos ojos ajenos por cada uno nuestro, por lo menos.
    El mecanismo tiene lógica. Endiablada, eso sí.    ¿Verdad? Luego he pensado que la empatía es un intento de compensar esa diferencia, aunque está claro que no es suficiente. También he pensado que las células espejo podrían… ¡Eh!, Profesor, ¿a dónde vas?

Noche ha dejado de castigar al pobre saco. El Profesor, que se dirige a la puerta del pasillo, contesta

    A preparar algo de cena: con tanto ejercicio me ha entrado hambre.


jueves, 24 de febrero de 2022

Guerra

Noche y el Profesor están sentados en el sofá mirando la televisión con los ojos abiertos como platos. En la pantalla extradiegética se ven carros de combate, lanzadoras de misiles y bombardeos.

Dice Noche 

    Guerra.
    Sí. Otra vez guerra.
    ¿No saben que nadie gana?
    No es ese el asunto.
    ¿Entonces?
    La guerra es la materialización de la locura. Mientras hacemos literatura las palabras no salpican la tierra. Pero un día alguien se empeña en encarnar las palabras, monta una guerra y las palabras se convierten en sangre.
    ¿Qué palabras son esas?
    Nosotros, ellos, pueblo, futuro, esas palabras.
    Uf. ¿Vino?
    Casi mejor saca la caneca de ginebra.
    Sea.

martes, 22 de febrero de 2022

Problemas

El Profesor está en el sillón de orejas, sin hacer nada, con la mirada perdida. Noche lleva un rato mirándole. Por fin dice

    Profesor, ¿tienes problemas?
    Sí.
    ¿Cuáles?
    No quiero hablar de ello.
    ¿Por qué?
    Porque es todo bastante aburrido e insoportablemente patético; porque hablar de ello es concederle más tiempo y permitirle que colonice aún más mi mente; porque sin pensar en ello a veces consigo realmente no pensar en ello y olvidarme por un rato y no sentirme cada segundo del día tan desgraciado y abyecto.
    Pelín melodramático, ¿no?
    No sé dónde le ves la música.
    ¿La música…? Ah, ya. Profesor, los problemas, sean los que sean, se llevan mejor cuando los compartes, cuando los explicitas. Escuchar los problemas propios en palabras te ayuda a relativizarlos, a darte cuenta de que no son para tanto. Y saber que alguien te está escuchando y está empatizando contigo te hace saber que no estás solo. Y eso nos…
    Noche.
   
    Todos necesitamos soñar.
    Sí, claro…
    Y este es mi sueño —dice el Profesor mientras señala alrededor con un gesto de su mano.
    Comprendo. ¿Cena y peli?
    Esa es mi chica.
    ¿Y final feliz?
    Noche…

martes, 15 de febrero de 2022

La puerta

Noche lleva una camiseta con el grabado de Alicia mirando al otro lado del espejo de John Tenniel. Le está dando cuerda a un enorme reloj de leontina. El Profesor está frente al amplificador de sueños, pero sin mucho éxito. De pronto le da un manotazo a la bruma informe y dice

    He soñado que paseaba por el bosque y que veía cómo se abría una puerta en el aire a unos cuantos metros de mí. Inmediatamente salió alguien de no sé dónde y se coló por ella de un salto. Entendí que no había mucho tiempo, así que me puse a correr para alcanzar la puerta antes de que desapareciese.
    ¿Qué había al otro lado?
    No lo sé, solo luz.
    Y, aun así, ¿querías saltar al otro lado?
    Sí, sin duda alguna. De hecho, mientras corría, me aterrorizaba la idea de no llegar a tiempo.
    Lástima que despertases antes de lograrlo.
    ¿Cómo lo sabes?
    Porque si lo hubieras conseguido me estarías contando lo que viste.
    Jodidos sueños.
    ¿Qué te hubiese gustado encontrar detrás?
    Lo maravilloso.
    Una vez me dijiste que lo maravilloso no existe.
    Pues eso.

 

martes, 8 de febrero de 2022

Vejez

El Profesor anda enfangado con el ordenador. En la pantalla extradiegética se ven ecuaciones paramétricas. Noche lee en la tableta. De pronto lo hace en voz alta.

    La vejez no es otra cosa que esclerosis emocional. Es difícil adaptarse a las nuevas condiciones, romper viejas rutinas y adoptar nuevas. Por cansancio, por falta de inteligencia, por demasiado conocimiento. Cuando vuelves a ese viejo lugar de vacaciones quieres que las cosas pasen igual, pero nunca pasan igual, entre otras cosas porque las expectativas, viciadas por lo ya vivido, exigen un mínimo por debajo del cual todo se hace intolerable. Entonces sobreviene la decepción, que se vuelve crónica, porque las experiencias no se repiten, porque nunca transitamos los mismos estados mentales, porque nunca nada es como antes.
    Qué cosas lees —dice el Profesor.
    Es muy triste.
    Sí, pero cierto. Desde luego, quien lo escribió sabía lo que se decía. ¿De quién es?
    Tuyo.


martes, 1 de febrero de 2022

El mundo físico

El Profesor anda metiendo cosas en una caja de cartón. Noche le mira mientras le da mordiscos a una zanahoria que mastica con el lado derecho de la boca. Dice

    Profesor, ¿qué haces?
    Voy a bajar los cedés al trastero.
    ¿Por qué?
    Porque no los ponemos nunca, porque lo tenemos todo en la red, porque de vez en cuando hay que hacer limpieza y porque las tecnologías me van pasando por encima y me hacen sentir cada día más viejo. No quiero trastos.
    ¿Recuerdos?

El Profesor termina de llenar una caja, la sella con cinta de embalar, mira a Noche y dice 

    Peor: proyectos. Uno, sin darse cuenta, compone una biblioteca, una discoteca, llena su casa de objetos que son memoria y también manifiesto: las estanterías recogen un diario de experiencias, de sensaciones, de pensamientos y descubrimientos. Todo está ahí, bien visible. Entonces, de pronto, lo que es un tesoro se convierte en basura. Lo que era mi retrato, mi carta de presentación, precipita en material de vertedero.
    Pero no pensarás tirar todo eso: los discos, las películas….
    No, pero solo por una razón: quizá mañana no haya internet.

 

martes, 25 de enero de 2022

Pistolas

Noche lleva una camiseta con un cartel de Reservoir Dogs estampado en el pecho. Se acerca hasta el Profesor, que tontea con el ordenador en la mesa de dibujo, y pregunta

    ¿Por qué le tienen tanta afición los americanos a las pistolas?
    Son como niños.
    ¿Perdón?
    ¿A qué niño no le gustaría aniquilar lo que no le gusta con el dedo? Pues la pistola es ese sueño hecho realidad.
    Wow.

En la pantalla extradiegética se ve la escena de la película en la que dos tipos, uno de pie y el otro tirado en el suelo, se amenazan mutuamente apuntándose con sus pistolas.


martes, 18 de enero de 2022

El paso de los años

Noche se pasea por el salón en braguitas y camiseta. Sobre está aparece impreso el número 28. El Profesor limpia con un paño los tubos de la clepsidra.

    Profesor, ¿cuántos años tienes?
    Cincuenta y cinco.
    Como siempre.
    Sí.
    Pero han pasado más de tres años.
    Solo en cierta manera.
    Será para ti, porque yo, de todas las maneras, tengo tres años más.
    El paso del tiempo depende de lo perfilado que esté el personaje.
    ¿Quieres decir que no estoy perfilada?
    Quiero decir que eres joven, que cambias constantemente, que ese es, precisamente, tu leitmotiv, cambiar, mientras que yo…
    ¿No puedes cambiar?
    … estoy demasiado hecho para que eso sea fácil. Y sin cambio no hay tiempo.

Noche, asomada a la ventana de la cuarta pared, nos mira casi sin gesto. De ponto una sonrisa aflora a sus labios, se da la vuelta y se va hasta el Profesor, se siente ahorcajadas sobre él y dice

    Yo te puedo ayudar a cambiar. Por ejemplo, tú y yo podemos romper esa tonta regla acerca del sexo y ponernos ahora mismo a…
    Noche, en mi personaje no cabe el cambio.
    Menuda excusa barata.


martes, 11 de enero de 2022

Noche abrumada

El Profesor entra de la calle y se encuentra a Noche hecha un ovillo en el sofá, sollozando. Se sienta a su lado, le acaricia el pelo y dice

    ¿Qué te pasa?
   
    Noche, ¿qué te pasa?

El Profesor la coge de la mano, pero Noche la aparta. Le mira, pero no parece reconocerle. Por fin, tras una larga exhalación, es ella quien le coge la mano a él y se pone a hablar.

    Profesor, estoy abrumada, estoy dolorida, tumefacta. Sí, eso es: estoy hinchada. Me siento embotada. Tanta crueldad… es que no puedo soportarlo. Es horrible, espantoso. La vida me asfixia. No sé qué hacer. La injusticia… es tan salvaje, tan absurda. Ir en metro es vivir un esperpento, una sátira ciberpunk escrita por Valle-Inclán. En cada viaje encuentras una imagen más grotesca que la anterior. ¿Cuánto de humano queda en nosotros? ¿Somos humanos? Estoy exhausta.

Tras unos segundos de silencio, el Profesor dice

    Tienes razón: la vida es un asco. El dolor empapa el mundo. Y todo apunta a que el futuro va a ser peor. Somos individualistas, cortoplacistas y estúpidos. Una plaga de ocho mil millones de individuos que infecta el planeta. No me cabe duda de que lo más sensato es el suicidio.

Noche abre la boca como para decir algo, pero no lo hace. El Profesor sigue hablando.

    Por otro lado, no hay prisa. El suicidio es una opción, pero, mientras nos lo pensamos, podemos bailar. Con los pies o con la cabeza podemos escarbar entre la basura y buscar algo de la belleza que se esconde por ahí y vivir esos momentos fulgurantes y efímeros que nos hacen sentir durante un instante que todo está bien. Es mentira, por supuesto, aunque no del todo, porque durante esos momentos sin tiempo no existe nada que no sea ese puñado de neuronas que somos chisporroteando en la nada.

Noche mira al Profesor, frunce el ceño y dice 

    Me estás ofreciendo esperanza.
    No: te estoy ofreciendo destellos, fuegos de artificio, todo lo que tenemos.
    ¿Y es suficiente?
    Cada día me lo pregunto.
   
   
    Profesor…
    ¿Sí?
    ¿Bailas?