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martes, 3 de enero de 2023

Despedida II

El Profesor, de pie, mira a Noche hecha un ovillo en el sofá. Por la luz parece que está amaneciendo. Luego se va hasta la mesa de dibujo, coge un folio y escribe. En la pantalla extradiegética va apareciendo, trazo a trazo, lo siguiente:

“Estoy viéndote dormir, con ese dormir tuyo tan sereno, tan sin deudas. Me gustaría despertarte y abrazarte y contarte una nueva historia de griegos, de matemáticas, de palabras, o pedirte que me hablases de tu último descubrimiento, de tu último proyecto. 

“Me gustaría prepararte el desayuno y quizá invitar a B. para que nos hablase de sus viajes transfinitos. O puede que te propusiese desempolvar del trastero el amplificador de sueños y darle una nueva oportunidad. Pero no puedo.

“En realidad, no debo. Si estuvieses despierta aquí conmigo te reirías de mis deberes. A mí también me gustaría reírme de ellos, pero es tarea imposible. Tengo la sensación de que el último fracaso anunciado me ha quebrado definitivamente.

“Te he querido mucho niña”.

El Profesor dobla el folio en dos y luego otra vez en dos, lo mete en un sobre y sobre él escribe “Noche”. Lo deja encima de la mesa baja y se va.


miércoles, 17 de agosto de 2022

Suicidio

El Profesor está sentado en el sillón de orejas, quizá pensando. Noche está dibujando al Barón de Münchausen mientras tira hacia arriba de las crines de su caballo. De pronto, mira al Profesor y le pregunta

— Profesor, ¿en qué piensas?
— En el suicidio.
— Desde un punto de vista teórico, supongo.
— No. Es una opción que veo cada vez más razonable. Y cercana.
— No me puedo creer que en tu vida lo malo pueda a lo bueno.
— No se trata de compensaciones.
— Entonces, ¿de qué se trata?
— De lo malo.
— No entiendo.
— ¿Un dolor infinito se compensa con un placer infinito?
— ¿Hay momentos en los que sientes un dolor infinito?
— Momentos no, instantes. En un instante, todo dolor es infinito.
— Pero hay que contar con el placer que vendrá.
— No si no crees en el tiempo.
— Pero si no crees en el tiempo no tiene sentido plantearte el suicidio ni nada en realidad que no esté sucediendo ahora mismo.
— Mira que eres lista.
— Además, piensa en el eterno retorno de tu Nietzsche: ¿querrías vivir un instante de muerte por toda la eternidad?

El Profesor guarda silencio. Noche se lo respeta. Por fin va el Profesor y dice

    Noche, lo que quiero es que ese instante eterno sea de silencio.

Durante un momento parece que Noche va a hablar, pero no lo hace. En vez de eso se pone a dar color a las crines del caballo del barón de Münchausen.


martes, 9 de noviembre de 2021

La Pampa

El Profesor está sentado en el sillón de orejas y dice

    Es increíble.

A su lado, Noche, sentada a horcajadas en el brazo derecho del sillón, le contesta con otra pregunta

    ¿Qué es increíble?

Ambos miran a B., que tiene los dedos sobre el amplificador de sueños.

    Lo de B. Yo hubiese esperado que sacase del cristal entidades paradójicas, formas secretas del infinito, singularidades universales, yo que sé y, sin embargo…
    Sin embargo siempre proyecta al mismo gaucho, el mismo cuchillo, el mismo galpón, el mismo mate…
    Sí.
    Supongo que tú y yo nos buscamos a nosotros mismos, mientras que B. busca al otro. 

El Profesor se queda pensando un momento. Por fin pregunta

    ¿Modestia o engreimiento?
    Curiosidad —contesta Noche sin dudarlo.

lunes, 21 de septiembre de 2020

In-finito

Noche curiosea en su caja de tesoros. De pronto dice

    B…, ¿si pienso en el infinito quiere decir que está en mi mente?
    No. Tan solo le has añadido un prefijo a la palabra finito.
    Pero ese prefijo niega lo finito, luego se refiere a lo no finito.
    Tan solo es un truco. Piensa que finito se refiriese al contenido de tu caja de tesoros.
    De acuerdo.
    ¿Puedes enumerar su contenido?
    Sí.
    Luego tu mente lo abarca.
    Sí.
    Ahora niega tu caja de tesoros: infinito querrá decir entonces todo lo que no está en la caja.
    Cierto.
    Pues enuméralo.
    ¿El qué?, ¿todo lo que no está en mi caja?
    Sí, eso a lo que hemos llamado infinito.
    B, es imposible.
    Ahí tienes la diferencia.
    Wow.

domingo, 26 de enero de 2020

A la vista de todos

Noche está en la escalera de la librería. Hojea Los extraordinarios casos de monsieur Dupin. Mira al Profesor y le dice

    Pensando en laberintos desérticos y puzzles blancos me he acordado de La carta robada de Poe, ¿lo recuerdas?
    Claro: el ladrón esconde la carta sin esconderla, dejándola en el lugar más obvio, a la vista de todos, pensando que a la policía ni se le ocurrirá buscar allí.
    Me parece un relato tramposo: Dupin queda como listo al reproducir el pensamiento del ladrón, pero la verdad es que el ladrón fracasa por tener ese mismo pensamiento.
    Curioso punto de vista…
    De hecho, desde entonces todos empezamos nuestras búsquedas por el sitio más obvio…
    Porque es donde el encubridor piensa que no vamos a mirar...
    Aunque si nosotros pensamos así, también lo puede hacer el encubridor y no esconder nada en el sitio más obvio…
    Lo que hace inútil empezar mirando por ahí…
    Salvo porque el encubridor, pensando que nadie va a mirar allí porque todos saben que él sabe que siempre se empieza mirando por allí y que por eso no usa el sitio más obvio como escondite, en realidad lo use.

Durante uno segundos guardan silencio. Luego el Profesor pregunta

    ¿Qué reto es más difícil, esconder o encontrar?
    Ayudaría saber qué estamos escondiendo y de quién.

B, que andaba persiguiendo infinitos en el sillón de orejas, levanta su bastón y dice

    Sea lo que sea, destruidlo: así nadie lo encontrará.
    Pero —se queja Noche— nosotros tampoco lo tendremos.
    Querida mía, ¿qué es más importante?, ¿tener o que los otros piensen que tienes?