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domingo, 10 de noviembre de 2019

Algo maravilloso

El Profesor está en el sofá, leyendo. Noche, de pie en medio el salón, hace levitar con sus manos una pelota azul. Entonces dice

—    Profesor, dime algo maravilloso.
—    No sé.
—    Qué tontería: sabes diez mil cosas maravillosas.
—    Quizá, pero no sé, de eso que sé, qué os puede resultar maravilloso a los demás. De hecho, tengo la sensación de que lo que yo sé lo sabe todo el mundo.
—    Pero, ¿qué bobadas dices?
—    Que el universo se divide en las tonterías que conozco y los misterios cósmicos que ignoro.
—    Qué triste.
—    En absoluto: los misterios cósmicos le dan sentido a cada amanecer.

Con un gesto, Noche manda lejos la pelota azul. Se acurruca en el sofá al lado del Profesor y pregunta

—    ¿Falta mucho para el amanecer?

domingo, 21 de julio de 2019

El mar de arriba

Noche está viendo en un gran libro fotografías del mar: tormentoso, luminoso, encrespado, en calma, solitario, en amaneceres y crepúsculos, plagado de peces voladores, de sampanes y columnas rocosas, de barcos mercantes…

—    De cría pensaba que, igual que hay un mar abajo, hay un mar arriba. Así me explicaba yo que tengan el mismo color el mar y el cielo. Y que llueva, porque me imaginaba yo que el cielo a veces se rompe, quizá por culpa de las nubes, y deja escapar el agua de lluvia por los desgarrones del velo que lo mantiene embalsado allí en lo alto.
—    Qué bonito.
—    Un día, hace tiempo, leí que algunos griegos antiguos habían pensado lo mismo.
—    Quizá no haya nada que no hayan pensado antes los griegos.
—    Al principio me hizo ilusión…
—    Pero…
—    … luego me sentí defraudada. Cuando aprendí en el colegio que arriba no había ningún mar, que el color del agua del mar es reflejo del color del cielo y que la lluvia proviene de las nubes lo entendí y lo acepté sin problemas: el mar de arriba se convirtió en mi mar, en mi leyenda privada. Por eso no me gustó saber lo de esos malditos griegos.
—    Te hubiesen gustado.
—    ¿Quiénes?
—    Los griegos.
—    …
—    Piénsalo: tenéis mucho en común. De hecho, todo un mar.

Noche se queda pensativa hasta que, de pronto, su cara se ilumina. Entonces se acerca hasta el Profesor, le abraza por detrás y le dice bajito, al oído

—    ¿Sabes qué?: tienes razón. Gracias.

miércoles, 3 de abril de 2019

Amanecer

El salón está iluminado por una luz débil y rosada. Noche y el Profesor están de pie mirando por la ventana, aunque no a nosotros, sino a un horizonte lejano. Debe hacer frío, porque se abrigan con una manta que les envuelve a ambos. El Profesor dice

—    No entiendo que la gente prefiera dormir a ver amanecer.
—    Es porque están seguros del sol —contesta Noche.
—    ¿Y si no vuelve a salir?
—    Ni se lo plantean —sentencia Noche.