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jueves, 10 de noviembre de 2022

Dos veces

El Profesor teclea en el ordenador. Noche camina en círculos por el salón como un león enjaulado. De pronto se para y pregunta 

—    Profesor, ¿qué haces?
—    Escribo.
—    ¿Qué escribes?
—    Escribo sobre la película que vimos ayer.

Noche guarda silencio durante un rato. Luego pregunta

—    ¿Por qué lo haces?
—    Ya sabes que escribo sobre todo, sobre lo que leo, lo que veo, lo que pienso…
—    Ya, pero… ¿por qué lo haces?
—    Así vivo las cosas dos veces: cuando las experimento y cuando me las cuento.
—    Así vives la mitad de cosas.
—    Pero con el doble de intensidad.
—    Hum… Déjame pensar eso…


domingo, 13 de octubre de 2019

Momentos fundacionales

Noche está sentada en el sofá. Modela un busto de arcilla y sonríe. El Profesor, que la observa desde el sillón de orejas, dice

—    Cuéntamelo.
—    ¿Recuerdas tu primer pensamiento matemático?
—    …
—    …
—    Un día vi en una película que alguien jugaba con una goma elástica y formaba bonitas figuras con los dedos. Busque una goma en el cajón de la cocina e intenté hacer lo mismo. No fui capaz, pero me di cuenta de que aquella goma podía encerrar superficies muy distintas, apenas nada si la estrechaba o todo un cuadrado o hasta algo parecido a un círculo si la abría lo suficiente. Repetí la experiencia una y otra vez porque me extrañó mucho que lo mismo pudiese encerrar lo distinto. Me fascinó que aquello que quedaba encerrado pudiese variar tanto. Cuando, años después, me enseñaron las palabras perímetro y área, yo ya sabía de qué me estaban hablando y de la curiosa relación que mantienen. Eso sí: me gustó mucho aprenderlas.
—    Wow.
—    Sí.
—    …
—    Te toca: ¿tu primer pensamiento artístico?
—    Estaba yo un día jugando con plastilina. Después de mucho jugar tenía varios trozos de distintos colores y los junté para tener un trozo mayor con el que hacer una casita. Al mezclar los trozos no me gustó el lío de colores que quedó en la pella, así que me puse a amasar aquello para uniformizar la mezcla. Para mi decepción vi que, poco a poco, los colores se diluían en un vulgar marrón sin el más mínimo interés. Quise entonces recuperar los trozos originales, dejar las cosas como estaban, pero fui incapaz: por más que rompía el gran trozo de plastilina que había amasado, todos los fragmentos que obtenía seguían siendo igual de marrones. Me rendí a la evidencia e hice una casa marrón, pero desde entonces ando obsesionada con sacarle los colores a las cosas.
—    Wow.
—    Sobre todo cuando son marrones.
—    Wow.