jueves, 25 de octubre de 2018

Música de fondo

Se escucha The Talking Drum, de King Crimson. Entra Noche, descalza y en bragas. Lleva una camiseta con la portada del In the Court of the Crimson King impresa. El profesor, camisa blanca de lino, vaqueros también blancos, descalzo y con los pies apoyados en un escabel, lee en el sillón de orejas A la sombra de las muchachas en flor.

    ¿Otra vez King Crimson?
    ¿Perdón?
    Qué si otra vez King Crimson.
    Sí.
    ¿No te cansa?
    No. En realidad no lo escucho.
    ¿Entonces, para que lo pones?
    Apaga los demás ruidos.
    ¿Qué ruidos?
    Los del mundo.
    Pero escuchas ese ruido, el que hace King Crimson.
    No, ya te he dicho que no lo escucho.
    No me vaciles.
    No, es verdad, no lo escucho, no es algo que reclame mi atención si yo no quiero. Me lo sé de memoria, no hay sorpresas, nada que me perturbe. Estoy tan identificado con la música de King Crimson que me resulta tan familiar como, no sé, como los sonidos del aire, del mundo, no sé, de…
    Como los latidos de tu corazón.
    Eh, sí, eso es exactamente, como los latidos de mi corazón dice el Profesor, sorprendido.

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