lunes, 29 de octubre de 2018

Sin sentido

El profesor tiene mal aspecto: barba de unos días, pelo alborotado, ropa arrugada. Nos mira por la ventana con gesto cansado. Noche, hermosa como una flor, le mira desde el sofá.

    Estás triste.
    Estoy jodido.
    ¿Por qué?
    Te vas a reír, pero no le encuentro sentido a nada.
    ¿Y porque me iba a reír?
    No sé. Hablar del sentido de nada me suena a rancio. La cosa es que nunca he creído que la falta de sentido de la vida me llegara a pesar, pero ahora lo hace. Cada vez que me pongo a hacer algo no puedo evitar preguntarme ¿para qué? y la falta de respuesta me deja exangüe. 
    ¿Exangüe?
    Sin fuerzas.          
    Ya lo sé: es que me encanta cuando te pones pedante.
    Eso, anímame.     
    ¿Sabes que te pasa? Que siempre pensaste que nada tenía sentido pero nunca creíste de verdad que nada lo tuviese. Por lo que se ve, estás empezando a creértelo.
    El abismo me devuelve la mirada.
    Sí, pero recuerda que tu amigo Nietzsche propone crear un nuevo sentido que llene el hueco dejado por la pérdida de sentido.
    Sí, pero eso es tanto como salir del fango y ascender hacia el cielo tirando de mi propia coleta.
    ¿Y cuál es el problema, Münchhausen?
    ¿Qué no tengo coleta?
    Qué chispa tienes...

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