sábado, 3 de noviembre de 2018

La puerta de Tannhäuser

Noche y el Profesor están sentados en el sofá, con los pies encima de la mesa y las piernas cubiertas por una manta. Sus rostros reflejan la luz ácida y cambiante de la televisión. Suena la música final de Blade Runner. Noche recita

—    “I've seen things you people wouldn't believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched c-beams glitter in the dark near the Tannhäuser Gate. All those moments will be lost in time, like tears in rain. Time to die.”
—    Te lo sabes.
—    Es uno de los momentos más gloriosos de la literatura universal.
—    Sabes que las dos últimas frases son del actor, de Rutger Hauer.
—    Sí, lo cual le convierten en uno de los mayores autores de la literatura universal.
—    Te noto hoy algo hiperbólica.
—    ¿Se puede decir más con menos?
—    No, desde luego, pero tildarlo de literatura...
—    Define.
—    ¿Perdón?
—    Es lo que tú dices cuando quieres romper el saque: “define”. Pues eso te pido yo ahora, que definas literatura para saber si el monólogo de Hauer es literatura o no.
—    Es interesante, pero tan solo es una frase afortunada: la literatura es algo más.
—    Dime una frase que sea algo más que afortunada.
—    “Ser o no ser, esa es la…”.
—    ¿Te das cuenta? Es una simpleza. Ser o no ser, existir o no existir, ya ves qué cosa, el eterno dilema.
—    Pero hay que decirlo.
—    Claro que sí, pero Roy, el replicante, no se limita a soltar una perogrullada. En un puñado de frases define el yo y explica lo que significa existir: liga la vida con la memoria, y de paso nos hace envidiar una vida plena de experiencias extraordinarias. No sé qué cojones son los rayos c, pero debió ser alucinante.
—    Noche, eso nunca ocurrió.
—    Ya lo sé, Profesor, pero, en serio: ¿no tuvo que ser alucinante?

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