domingo, 30 de junio de 2019

La paradoja de la inteligencia

Noche, sentada en el sofá, mira la cabeza frenológica que, para variar, está encima de la mesa y no en la librería de los tebeos. Dice para nadie, quizá para sí:

—    No puedo entender que haya gente inteligente que piense mal.
—    Eso es autorreferencial.
—    ¿Perdón?
—    Tú eres inteligente y estás pensando mal.
—    ¿Por qué estoy pensando mal?
—    Porque es obvio por qué hay gente inteligente que piense mal.
—    Profesor, al grano.
—    La inteligencia es un instrumento, un procesador. Sus outputs dependen de sus inputs. Da igual que tengas la máquina perfectamente engrasada: si la alimentas con basura, generará basura.
—    ¿Y cómo seleccionamos los inputs?
—    Con inteligencia… No, que va, es broma. Los inputs vienen dados por la experiencia personal, por la tradición y la cultura, por lo que pasa alrededor.
—    Entonces, ¿qué ponemos nosotros?
—    No estoy seguro. Creo que nada, o casi nada. Estar ahí, quizá.  
—    Somos el elemento contingente.
—    El excipiente.
—    Ja, eso mola, el excipiente, ja —le dice divertida Noche al Profesor mientras le quita la cápsula a una botella de vino.


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