domingo, 1 de septiembre de 2019

La gata de Lorenzo

Noche está sentada en el suelo, inmóvil. Entra el Profesor de la calle y, al verla, pregunta

—    ¿Qué haces ahí?
—    Esperarte.

Entonces Noche se levanta de un salto  y se lanza sobre el Profesor.

—    Te he echado de manos.
—    Y yo a ti, preciosa.
—    Oye, ¿y estos arañazos?
—    Ya sabes, la gata de Lorenzo.
—    Y esa gata, ¿tiene nombre o se llama así, La gata de Lorenzo?
—    No, no se llama así.
—    Pero tiene nombre.
—    Sí.
—    Y es…
—    …
—    ¿Profesor?
—    Noche, se llama Noche.

A Noche se le enciende la cara de felicidad y pregunta

—    ¿Le pusiste tú el nombre?
—    No, fue Lorenzo...
—    Qué majo, qué…
—    Es una casualidad. Lorenzo tiene la gata desde hace más de diez años, desde que se la encontró abandonada en el jardín.
—    Casi me gusta más así. Dos preguntas: ¿Por qué le llamó Noche? Y, sobre todo, ¿por qué no me lo has dicho antes?
—    Le llamó Noche porque es blanca…
—    Blanca como la noche...
—    Y no te lo dije para que no pensaras cosas raras.
—    ¿Cosas raras?
—    La gente tiende a sacar conclusiones de las casualidades.

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