domingo, 26 de enero de 2020

A la vista de todos

Noche está en la escalera de la librería. Hojea Los extraordinarios casos de monsieur Dupin. Mira al Profesor y le dice

    Pensando en laberintos desérticos y puzzles blancos me he acordado de La carta robada de Poe, ¿lo recuerdas?
    Claro: el ladrón esconde la carta sin esconderla, dejándola en el lugar más obvio, a la vista de todos, pensando que a la policía ni se le ocurrirá buscar allí.
    Me parece un relato tramposo: Dupin queda como listo al reproducir el pensamiento del ladrón, pero la verdad es que el ladrón fracasa por tener ese mismo pensamiento.
    Curioso punto de vista…
    De hecho, desde entonces todos empezamos nuestras búsquedas por el sitio más obvio…
    Porque es donde el encubridor piensa que no vamos a mirar...
    Aunque si nosotros pensamos así, también lo puede hacer el encubridor y no esconder nada en el sitio más obvio…
    Lo que hace inútil empezar mirando por ahí…
    Salvo porque el encubridor, pensando que nadie va a mirar allí porque todos saben que él sabe que siempre se empieza mirando por allí y que por eso no usa el sitio más obvio como escondite, en realidad lo use.

Durante uno segundos guardan silencio. Luego el Profesor pregunta

    ¿Qué reto es más difícil, esconder o encontrar?
    Ayudaría saber qué estamos escondiendo y de quién.

B, que andaba persiguiendo infinitos en el sillón de orejas, levanta su bastón y dice

    Sea lo que sea, destruidlo: así nadie lo encontrará.
    Pero —se queja Noche— nosotros tampoco lo tendremos.
    Querida mía: lo importante no es tenerlo, sino que los otros piensen que lo tienes.

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