miércoles, 12 de febrero de 2020

Gravedad

Dice Noche

    Profesor, no lo entiendo.

El Profesor, que estaba leyendo en el sillón de orejas, deja el tomo de Rojo y negro en la mesita de su izquierda, se quita las gafas de présbita, mira a Noche y dice

    ¿Perdón?
    Que no, que no lo entiendo. ¿De verdad que nunca has pensado en seducirme?
    ¿Seducirte? Qué antiguo suena eso...
    No te enrolles.
    Vale: no, nunca he pensado en seducirte.
    ¿No te gusto?
    Cómo no me vas a gustar…
    ¿Entonces? ¿Es una especie de prueba? ¿Una promesa? ¿Voto de castidad? ¿Una apuesta? ¿Un…
    Las cosas que parecen sencillas suelen ser complejas, pero también ocurre lo contrario; lo que parece complejo suele ser en el fondo mucho más sencillo.
    Estoy esperando.
    Lo que no empieza no termina. No quiero que esto termine.
    Profesor, no tiene por qué…

Noche no termina la frase. Ve al Profesor inclinar ligeramente la cabeza y arrugar los ojos como diciendo “sabes que tengo razón”. Se acerca hasta él, se sienta sobre sus piernas y se acurruca sobre su pecho. El Profesor la abraza y dice

    Noche, pesas.
    Lo sé.       

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