sábado, 9 de mayo de 2020

Un futuro a la espalda

El Profesor mira el portátil. Con la mano izquierda hace movimientos como si marcase un ritmo musical. Un simple cuatro por cuatro, para ser exactos. Noche, subida a la escalera de la librería, hojea un libro. Pone gesto de haberlo encontrado y, desde allí arriba, dice

—    Hoy, andando por la calle, he visto el futuro.
—    ¿?
—    Al doblar la esquina, enfilar la calle y ver a lo lejos el portal he pensado que en unos minutos iba a estar aquí. Entonces me he dado cuenta de que estaba teniendo una visión del futuro.
—    Qué chulo: por eso siempre colocamos el futuro por delante.
—    Exacto. Pero mientras venía al encuentro del futuro, me he preguntado si sería universal, si colocar el futuro por delante sería una constante. Pues no: acabo de encontrar que hay pueblos que sitúan el futuro detrás.
—    ¿Detrás? ¿Por qué?
—    Profesor, piénsalo, la metáfora es potente: frente al pasado conocido, el futuro es lo desconocido, lo que no podemos ver. Lo que está a nuestra espalda. Lo que vemos, lo conocido, es el pasado.
—    Tienen claro que caminamos a ciegas.
—    Literalmente de espaldas.
—    ¿Quiénes son?
—    Los indios aimaras.
—    Sabios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario